jueves, 24 de mayo de 2012

CAPÍTULO 13:D

“No puede ser. No puede estar aquí.” Me froté los ojos varias veces, esperando que desapareciera, que fuera un producto de mi imaginación, pero no. Seguí ahí y parecía tan real como yo. Me acerqué despacio y él sonrió tristemente. Cuando estaba a apenas unos centímetros me di cuenta de que no era real, sino solo una proyección. Muy real, eso sí. Miré sorprendida a Alistar y él pareció saber lo que estaba pensando.
-Es solo una imagen. Lamentablemente, tu abuelo no esta aquí.
-Sí, me he dado cuenta.
-Laura…
-¿Qué pasa?-No podía evitar estar enfadada. No entendía porque no me lo había explicado todo desde el principio. Me hubiera ahorrado bastantes cosas.
-Te entiendo. -¿Qué? ¿Qué quería decir? ¿Cómo que me entendía? No, no lo hacía. No tenía ni idea. Él había sido siempre  un mago, su vida había sido siempre la misma. No sabía lo que era ver como tu mundo cambiaba sin que lo pudieras evitar. Él no tenía un estúpido don. Él tenía lo que quería, podía elegir, y yo no.
-No.
-¿Cómo que no? –Parecía enfadado.
-Pues eso, que no.
-Estás muy equivocada, Laura. ¿Qué piensas? ¿Qué eres tú la única víctima de todo esto? –Sí, se había enfadado. –Por si no lo sabes, yo perdí a mi mejor amigo, era como mi hermano. Y también mi vida. Si no se hubiera ido, hubiera vivido en mi mundo, con mis amigos y mi familia. Me hubiera casado y hubiera vivido lo que siempre deseé. Pero no fue así. ¿Y ves que me queje? No, aquí estoy. No me he rendido, porque este es mi deber. Y hasta que no consiga atrapar a Rubén y saber que planea hacer contigo no me rendiré.
No supe que decir. No me había dado cuenta de eso. Por una vez, me puse en su lugar. Me imaginé viendo como Lucía se convertía en mi enemiga y mi misión era atraparla para llevarla a una prisión. Me imaginé luchando contra ella sin ninguna otra opción, sabiendo que si la hacía daño no me lo podría perdonar. Y por último, me imaginé estar en un planeta desconocido sola, lejos de todo lo que quería junto a mí.
Pff. Y yo decía de mí…Bajé la cara con vergüenza. 
-Lo siento, Alistar…
-No pasa nada. Por una parte te entiendo.-Le miré a los ojos con sorpresa. –Sí. De una u otra manera, yo ya sabía lo que pasaría tarde o temprano y disfruté al máximo con Meanet y Alodia. Tú no tenías manera de saber lo que te esperaba y de un día para otro tu vida ha cambiado.
-Además, cuando te oí hablando con Meanet y dijiste que me estabas utilizando fue horrible. Me sentí fatal, porque confiaba en ti y me habías fallado, y claro…
-¿Qué? ¿Me oíste hablar con él?
-Sí…
-Pero, ¿cómo?
-Tuve un sueño bastante raro. Quería contártelo y por eso vine a la papelería. Cuando llegué te oí hablar con alguien, y aunque la voz me sonaba, no llegaba a identificarla. Abrí la puerta y te vi hablando con él. Le dijiste que yo era la única capaz de conduciros hasta un cofre y que debía apartarse de tu camino, porque si no no lo conseguirías. También os oí hablar de mi abuelo.
-¿Y eso te llevó a averiguarlo todo sobre Adolfo?
-Si…
-Supongo que por eso estás aquí, buscando una explicación.
-Sí. ¿Vas a decirme ya la verdad?
-Lo siento pero no…
Antes de que pudiera contestar, volvió a hablar.
-…¡No seas impaciente! La vas a saber, pero no porqué yo te la vaya a contar. Ese no es mi trabajo.
En ese momento lo entendí todo. Me giré y miré a mi abuelo. Él asintió y me hizo un gesto para que fuera hacia él.
-Bueno, Laura…Es hora de que conozcas la verdad. –Sin saber porque me puse nerviosa, y noté como todo me cuerpo temblaba. -¿Estás preparada?
Después de varios intentos, logré balbucear un tímido “sí.”
Alistar me trae una silla y tras sentarme, miré a mi abuelo, que enseguida empezó a hablar.
-Desde mi tatarabuelo, ha habido magos en la familia. Él se llamaba Lilés. Nació en Plutón, pero cuando sus padres y su hermana murieron en un accidente, vino a este planeta. No sabía que iba a encontrar aquí, pero quería olvidarse de todo lo que le había atado a su mundo. Cuando llevaba aquí apenas una década y su aspecto era de un joven de 25 años, conoció a alguien. Mi tatarabuela, Maribel. Se enamoró de ella y se casaron, pero antes de eso le contó su secreto, es decir, que era un mago. A Maribel no le importó. Quería a Lilés por encima de cualquier otra cosa. A los pocos años tuvieron un hijo, mi bisabuelo. Éste heredó los poderes de su padre y cuando  tuvo 50 años, bajo otra apariencia, volvió a Plutón. Allí pasó el resto de su vida, y se casó con otra maga, con la que tuvo dos hijos, una niña, Silea, y un niño, Atalis. Solo él heredó los poderes de sus padres y deseoso de conocer el lugar en el que su abuelo había encontrado a su mujer, viajó a aquí. Y se enamoró de este planeta, tanto que no volvió al suyo. Formó una familia, y tuvo a mi abuelo, quién con 15 años se casó con mi abuela, Isabel. Éste murió muy joven, con 30 años, y no tuvo nunca ningún don. Mi padre, Juan, tampoco. Durante un período corto, se creyó que la magia había desaparecido de nuestras vidas para siempre, pero eso duró poco, ya que yo nací  siendo mago. Mis padres lo celebraron y me mandaron  a Plutón para que pudiera aprender a usar mis poderes solo, aun que sabían que a pesar de no ser magos, podrían vivir ahí. De hecho, en Plutón hay mucha gente que no es mago.
En poco tiempo completé mis estudios, volví aquí y me encontré con Alistar. Él estaba buscando a Meanet. Le ayudé y juntos intentamos descubrir dónde se encontraba, pero fue imposible. Hasta que tú naciste. En ese mismo instante, se dejó ver y no solo eso, fue a ver a Alistar para hablarle de ti. Alistar, por supuesto, no le dijo nada de ti y Meanet se enfadó. Le dijo que podías suponer un peligro para todos, y que tenías que estar vigilada. Alistar no le hizo caso y le ordenó que se fuera. Él  desapareció y no volvimos a verle hasta que tú viniste aquí y le hablaste a Alistar de él. Desde ese momento le tenemos localizado, pero seguimos sin saber que se trae entre manos. –
Estaba dándole vueltas a todo lo que acababa de decir, cuando la puerta se abrió de golpe.
-¡Alistar! –Nos giramos los tres a la vez, y ahí estaba. Meanet. Alistar y mi abuelo parecían no poder articular palabra, por lo que lo hice yo.
-¿Qué haces aquí?-Di un paso al frente y me empujó hacia tras. Si mi abuelo hubiera estado ahí de verdad, no me habría caído pero no fue así y me di contra una estantería. Antes de que pudiera levantarme, Alistar se puso delante de mí e impidió que Meanet volviera a ir a por mí. Mi abuelo había desaparecido y al darme cuenta, un único pensamiento cruzó mi mente. “Cobarde”.  Meanet y Alistar estaban luchando, y al parecer, Alistar no iba demasiado bien. No sabía que hacer. Cuando todo iba mal, la puerta se abrió, y pareció que la tienda entera se había congelado. Alistar y Meanet dejaron de luchar, yo me quedé quieta, y objetos que volaban por el aire volvieron a su sitio original.
-¿Laura?- Tenía que estar soñando. No. Esa no podía ser su voz. Alberto. ¿Qué hacia él aquí? Menos mal que estábamos en una sala que no se veía a simple vista, para ver la puerta había que entrar en la tienda  y para entrar a la habitación, apartar una mesita pequeña. Pero claro, dudaba que Meanet hubiera cerrado la puerta, por no hablar de  colocar la mesilla mediante un conjuro. Me giré y comprobé que, como pensaba, estaba abierta. Deseé con todas mis fuerzas que se cerrara, no podía permitir que nada malo le sucediera, y estaba segura de que si entraba aquí, no iba a salir bien. No llegué a tiempo. Cuando quise cerrarla, Alberto ya había puesto un pie en la habitación y tenía los ojos clavados en mí. Meanet le vio en seguida y le reconoció. Todo fue muy rápido. Se libró de Alistar empujándole contra una pared y éste quedó inconsciente por el golpe. Meanet avanzó hacía nosotros con furia reflejada en sus ojos. En sus manos se acumulaba magia, que sin duda iba a dirigir hacia uno de los dos. En un principio, pensé que la usaría contra mí, pero en el último momento se giró hacia Alberto. Empecé a correr lo más rápido que pude hacia él, no le iba a tocar. No se lo permitiría. Nos lanzó el rayo cuando estaba delante de Alberto. “Por favor. Por favor. Deseo que estemos en un lugar seguro. ” Abracé a Alberto y desaparecimos en seguida, pero pude notar el impacto del golpe en mi espalda y aunque intenté evitarlo, dio también a Alberto, que soltó un grito de dolor. Cerré los ojos y al abrirlos, comprobé que estábamos a salvo. Sonreí aliviada, pero ver a Alberto en el suelo tumbado, con los ojos cerrados, me hizo darme cuenta de que la pesadilla no había terminado aún.
-¡Alberto!-Me arrodillé y puse su cabeza en mis piernas. Le sacudí los brazos, pero no ocurrió nada.. No reaccionaba. Le tomé el pulso y supe de que seguía vivo, aunque su corazón latía muy despacio. Las lágrimas empezaron a caer una tras otra en sus mejillas. No nos podía estar pasando esto. No. Tenía que estar soñando.

sábado, 5 de mayo de 2012

Capítulo 12:)

¿Qué hacía en mi casa?
-Hola, Laura. Me he cruzado con tus padres por la calle y me han invitado a comer. Espero que no te importe. –Increíble. Estaba segura de que  no le importaba ni yo, ni lo que pensara sobre él, solo ese estúpido cofre. Y mis padres ni le conocían. Alistar me había estado vigilando mucho tiempo, por lo que le habría descrito como eran y dónde podía encontrarlos. Un repentino odio me llenó por completo. Odio hacia él, hacia Rubén, hacia mi don, y todo lo relacionado con él. Hasta a mi abuelo, por ser un mago. Si él hubiera sido normal, ahora yo también lo sería. Al momento me arrepentí de haber pensado así. Estaba claro que mi abuelo no tenía la culpa. Había sido muy egoísta al pensar algo así. Era yo la que estaba montando un drama de todo esto, él había sido capaz de tener una vida normal, dejando su don aparte. Y yo también podría hacerlo. No quería que el hecho de ser una maga, por decirlo de alguna manera, me destrozara la vida. Aunque claro, no toda la culpa era mía,  Rubén era el que lo había empeorado todo. Él y Alistar. Y no iba a continuar así. No iba a darles el gusto de ver como me amargaban.
Apreté los dientes y me forcé a mi misma a sonreír con amabilidad. Mis padres no sabían nada, y quería que siguiera siendo así.
-Claro que no. ¿Qué hay para comer, mamá?
-Arroz a la cubana con pollo. Si hubiera sabido que iba a venir a comer, habría hecho otra cosa, pero ya no tengo tiempo…- Se lo dijo a Rubén y me enfadé aún más. Si no le gustaba que se aguantara,  nadie le había invitado.
-No hay problema.
-Mamá, voy a cambiarme. Cuando esté la comida avísame, por favor. – Necesitaba alejarme de Rubén. Si seguía a su lado, corría el riesgo de no poder controlarme y usar mi don contra él. Y eso no me convenía, porque podría  lanzarme un hechizo aún más fuerte. Fui a mi habitación, me cambié de ropa y bajé las escaleras. Mi padre y mi hermano estaban ya sentados en la mesa con Rubén. Mi madre estaba llevando cosas a la mesa. En ese momento, me entró curiosidad por saber algo sobre mi abuelo. Miré a mi madre entrando en la cocina, y pensé que siendo su padre, seguramente le habría ocultado que era un mago. Y además, si intentaba sonsacarle alguna cosa,  me haría un montón de preguntas que no podría contestar. A mi padre, tampoco. Se lo terminaría contando a mi madre, así que  no me convenía, y aparte, ¿por qué iba a saber él algo?
Solo me quedaba mi hermano. Cuando yo era pequeña, él y Adolfo habían estado muy unidos. Podía saber algo y confiaba en él. Si le decía que no se lo contara a nadie no lo haría., estaba segura.
Me acerqué a la mesa y me senté a su lado.
-Jorge… ¿Podemos hablar un momento?
-¿De qué?
-Vamos a tu habitación. –Le miré y pareció comprender que no podía saberlo nadie más. Tras pensar unos instantes, asintió y nos levantamos los dos a la vez. Subimos las escaleras sin hablar ni mirarnos. Al abrir la puerta de su habitación me senté en su silla y él en la cama.
-Bueno, ¿de qué querías hablarme?
-Esto…Del abuelo.
-¿Fernando?
-No…Adolfo- su expresión me transmitió una profunda tristeza, aunque duró solo un momento, ya que enseguida volvió a ser la misma de siempre.
-¿Por?
-Simple curiosidad.
-Si, si... Laura, no me lo cuentes si no quieres, pero sé que no es solo curiosidad. Si fuera así, me habrías preguntado hace mucho. –Bajé la cabeza con  vergüenza, me había pillado.
-La verdad es que hay algo más que curiosidad, sí.
-¡Lo sabía!- Se rio con ganas y me miró con satisfacción.
-Bueno…No te lo puedo contar,  lo siento, pero necesito que me cuentes la verdad. Es importante.
-De acuerdo. Puedes contar conmigo.
-Pues…Verás… ¿Alguna vez…notaste algo raro respecto al abuelo?
-¿A qué te refieres con algo raro?
-Pues a eso…Algo raro, fuera de lo común…
-Laura, sé perfectamente qué significa raro. –Muy gracioso. Me crucé de brazos y se volvió a reír. Empezaba a dudar se preguntarle a él había sido una buena idea.
-¿Podemos ser serios? Por favor.
-De acuerdo. La verdad es que no lo sé, Laura. Cuando murió yo era pequeño, tenía 14 años, hace 6 años.-Pues vaya. ¿Cómo nos podía haber ocultado algo así a todos?
-Bueno, pues nada.
Empecé a andar hacia el pasillo, y cuando fui a abrir la puerta, me llamó.  
-Espera, Laura…Sí que hay algo. Es tan solo un sueño, pero… me parece que debo contártelo. Tenía 14 años. Fue dos semanas después de que muriese. Estaba en mi cama, leyendo un libro que él me había regalado, cuando apareció, sentado en una silla. Me puse de pie de inmediato, asustado.
Sabía que él había muerto. Y parecía tan real…Me dijo que no me asustara. Antes de que le pudiera contestar, me dijo que prestara atención, que tenía poco tiempo, y lo que iba a decirme era importante. Asentí con la cabeza y me dispuse a escuchar lo siguiente.
“Llegará un momento en el que Laura te pregunté por mí. Debes decirle todo esto, palabra a  palabra. No se te puedo olvidar nada, es muy importante.
Las cosas no son lo que parecen. El pasado queda oculto en medio de los recuerdos, si quieres descubrir algo sobre  ellos, busca aquello que haga que sean eternos. Nunca intentes huir del pasado, debes afrontarlo porque al igual que lo pasado no se puede cambiar, el futuro está en tus manos. Es una hoja en blanco, lista para que la escribas. Elije bien cada palabra que vayas a usar y sobretodo, por lo que quieres que te recuerden.”  Me quedé quieto, pensando en lo que me acababa de decir. Cuando levanté la cabeza para preguntarle por su significado, había desaparecido. Y en ese momento me desperté. No volví a soñar con él, y tampoco se lo conté a nadie. Pero siento que este es el momento.
No tenía sentido. Mi abuelo me había dejado un mensaje a través de mi hermano. ¿Por qué no decírmelo a mí directamente? ¿Y si no le hubiera preguntado? Nunca lo habría sabido. Aunque él parecía tener muy claro que de alguna manera me enteraría. “El pasado está oculto entre los recuerdos...” ¿Qué quería decir? “Busca entre ellos…”
-¿Laura? Venga, despierta. Tenemos que ir a comer ya. –La voz de mi hermano me  llegó de lejos, un susurro que interrumpió el hilo de mis pensamientos.
-Si…ya voy. –Aunque estaba deseando investigar sobre el mensaje de mi abuelo,  tenía que bajar. Todavía estaba Rubén ahí, esperando para comer. Algo mucho más grave y difícil de aguantar que todo lo relacionado con mi abuelo. Bajé las escaleras detrás de mi hermano, deseando que acabara pronto.  Cuando llegamos a la mesa, mi hermano ocupó su anterior sitio, y yo me senté delante de Rubén.
Mi madre trajo enseguida el primer plato y empezamos a comer. Mis padres no dejaron de hablar con Rubén y mi hermano y yo nos limitamos a comer en silencio. No nos apetecía decir nada. Jorge no era demasiado hablador y bueno yo…No tenía intención de hablar  con Rubén más de lo necesario. Cuando acabamos de comer el primer plato mis padres se levantaron y empezaron a recoger.
Miré a Rubén y vi que él también tenía su mirada fijada en mí. Y no era una mirada de odio, sino amable. Sus labios se curvaron en una sonrisa, lo que hizo que se notara más la cicatriz que tenía en su mejilla. ¿Qué pretendía? Seguramente pensaría que si era amable conmigo sería más fácil utilizarme. Pues no.  Estaba muy equivocado, no me rendiría sin luchar. Y mucho menos caería en sus garras. Su mirada cambió. Se volvió dura y me hizo sentir indefensa. Bajé la mirada, pero al momento me arrepentí. No quería que pensara que era una debilucha. Volví a fijar mis ojos en los suyos y le sonreí, con un pensamiento en mente. “Eso es. No le des lo que él espera.” Pareció sorprendido y enfadado, pero enseguida bajó la mirada. No lo entendí. ¿Por qué no había hecho nada? La respuesta me vino al instante. Mi madre acababa de entrar en el salón seguida de mi padre. Puso en el centro el segundo plato, y empezó a servirnos.
Cuando cogió el plato de Rubén, éste le sonrió y me quedé contemplando la cicatriz. Una pregunta invadió mi mente. ¿Se la habría echo Alistar o mi abuelo? Era ridículo pensar eso, no tenía ninguna prueba, pero algo me decía que no me equivocaba. “Bueno, eso ahora no importa, lo importante es descubrir que pasa con Alistar, Rubén y mi abuelo. Todo lo demás es secundario.” Seguí comiendo lo más rápido que pude y cuando terminé me levanté, cogí mi plato y fui a la cocina. Lo dejé en la pila y me apresuré a subir a mi habitación poniendo como excusa que estaba sonando mi móvil. Cuando llegué, me tumbé en la cama y me puse a pensar en lo me había dicho mi abuelo. Bueno, en lo que le había dicho a mi hermano. No se me ocurría que podía significar. “Busca entre los recuerdos…” ¿Qué significaba eso?
Los recuerdos…Los recuerdos… ¿Cómo iba a buscar entre ellos? ¡Son recuerdos! Aunque claro él no me había dicho que buscara entre ellos, sino entre lo que hace que sean eternos. ¿Qué hace que un recuerdo sea eterno? Tú recuerdas algo vivido cuando ves algo viejo, como un juguete de cuando eras un niño. O una dedicatoria de una amiga que hace mucho tiempo que no ves…Incluso una prenda de ropa. ¿No podía haber sido un poco más específico? Justo en ese momento sonó mi teléfono y del susto pegué un brinco.
-¡Hola! ¿Quién es?
-¡Laaaaaaura! ¿Qué tal?
-Hola, Lucía. Pues muy bien, ¿y tú?
-Igual. Te llamo por qué estoy un poco aburrida. No molesto, ¿verdad?
-Claro que no. –Me entraron ganas de preguntarle por el “acertijo” de mi abuelo. A lo mejor ella sabía algo y ya no me quedaban ideas. Total, por probar no perdía nada…-Lucía oye… ¿Qué dirías que hace eterno un recuerdo?
-¿Eh? ¿Y esa pregunta? ¿Eterno un recuerdo? No sé… ¿Una foto?- No había pensado en eso. Una foto plasma un momento de tu vida, lo hace eterno, ya que cada vez que la ves lo recuerdas. Sí. Podía ser eso. ¿Pero de donde iba a sacar una foto? Tenía que ser de él, claro. Pero todas sus cosas estaban en su casa…Y quedaba a una hora en coche desde la mía. Sin coche, una hora y media. Y eso andando deprisa. Y aparte estaba el asunto de las llaves. Aunque…pensándolo bien, mi madre se había traído algunas cajas. En ellas había álbumes de fotos, ropa vieja, muñecas de cuando era pequeña…Quizás en algún álbum encontrara algo.
-¿Hola?- Pobre Lucía, la había dejado hablando sola después de todo lo que me había ayudado.
-Lo siento mucho y muchas gracias. Eres la mejor. En serio. –Oí su risa en la otra línea y sonreí. Sin duda, Lucía era una de las mejores personas que había en mi vida e iba a ser así mucho más tiempo.
-No te preocupes y de nada, supongo. No sé en que te he ayudado exactamente pero bueno. ..
No pude evitar una carcajada.
-Ya te lo contaré.
-Vale. Oye, me tengo que ir. Luego conéctate y hablamos.
-Vale, adiós. Un besito.
Colgué y subí a la buhardilla. Al momento encontré las cajas de mi abuelo. Las abrí y miré en su interior. Había de todo. Ropa, dibujos de mi madre cuando era pequeña, algún que otro juguete…Al fondo estaban los álbumes. Saqué uno  de los tres que había, y empecé a buscar, aunque no sabía muy bien que iba a encontrar. Nada. Saqué el segundo y de nuevo, nada. Por último saqué el tercero, pero tampoco estaba lo que andaba buscando. Justo cuando lo iba a meter, se cayó un sobre de su interior. Era una carta. Lo abrí con cuidado y tras desdoblar la carta, me apresuré a leer lo que ponía. No pude evitar soltar un grito de sorpresa. La carta decía lo siguiente:

Querido Adolfo:
Respondiendo a tu pregunta, no, no tienes necesidad de ocultarle nada a Alodia. Después de todo, ella está al corriente de todo lo demás. Y al resto…Bueno, preferiría que las cosas siguieran como están, es decir, que no supieran nada. Lo siento, sé que es duro para ti mentir a tanta gente. Pero es necesario, y los dos lo sabemos.
Pasemos a lo importante. Llevó dos semanas camuflado, espiando a Meanet el máximo de horas posible. Se está haciendo muy fuerte. Parece tener algo en mente que todavía no he descubierto. Cuando lo haga, seguiré con el plan que ideamos, pero sigo sin estar muy convencido. ¿De verdad crees que va a creer  que quiero ser su aliado? No te preocupes, lo voy a intentar. No me estoy viniendo abajo.
Te agradecería que me mandaras más información sobre Laura. Una foto o algo así, es difícil proteger a una persona si no sabes cómo es.
Te mando un pequeño regalo. Es una foto de nosotros tres cuando éramos unos niños. Qué tiempos…
Tu amigo,
Alistar.

Tras doblar la carta, miré la foto. El tiempo había hecho que perdiera calidad, pero podía verse perfectamente como los tres sonreían. Cuando iba a guardarla, me di cuenta de que tenía algo escrito por detrás. Me acerqué a una lámpara y empecé a leer.

 Espero que encuentres esto pronto y que el mensaje de Jorge te haya servido. Sé que ahora mismo estrás echa un lío, yo también lo estaría. Pero debes ser fuerte, Laura. No eres una cría ya.
Eres una maga. Y como tal, tienes unas responsabilidades determinadas. Me encantaría poder estar ahí para ayudarte, pero no es posible. No obstante, no necesitas mi ayuda. Lo primero, debes saber en quién confiar y espero que la carta anterior te haya servido para averiguar que Alistar no es el enemigo. Y debo decirte que Meanet no es lo único peligroso de ahí fuera. Yo me di cuenta demasiado tarde y ahora mírame…No soy nada. Pero tú sí, Laura. Eres la única capaz de resolver todo esto. Cuando puedas, ve a hablar con Alistar. Llévate esta foto y la carta, te lo explicará todo.  Siento no poder estar ahí contigo, pero muy pronto nos volveremos a ver, confía en mí.

No sabía que pensar. Entonces… ¿Todo había sido un engaño? ¿Alistar había fingido estar del lado de Rubén para acercarse a él y poder pararle? ¿Por qué no me lo había dicho?
Bajé las escaleras y comprobé que ya no estaba Rubén.  Me despedí de mis padres, salí de casa y me encaminé hasta la papelería de Alistar con la carta y la foto en la mano.
Necesitaba saber la verdad de una vez por todas. Al entrar, Alistar me hizo un gesto para que le siguiera. Sorprendida, le seguí y lo que vi me dejó sin palabras. Cuando por fin pude hablar, una única palabra consiguió salir.
-¿Abuelo?
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Siento la tardanza, no he tenido casi tiempo de escribir y cuando lo hacía, eran auténticas porquerías.
Sí, sé que más largo de lo habitual, pero una vez tuve la idea, no pude pararla y todo me parecía importante.
Bueno, no os quiero quitar más tiempo. Espero que la espera haya merecido la pena y que este capítulo os guste.
Un beso:)

viernes, 13 de abril de 2012

CAPÍTULO 11

-¿Laura?- Levanté la cabeza y vi a Alberto.-¿Qué te pasa?
-Nada, no te preocupes…
-¿Cómo que nada? Anda, levanta. –Me cogió una mano y al levantarme y sonreírme le abracé lo más fuerte que pude, necesitaba hacerlo.
-Laura… ¿Por qué no me dices lo que te pasa? Porque está claro que algo es, y me estás ahogando. Sabes que puedes contarme lo que sea, soy tu novio.
Sí, lo sabía…Pero, ¿Qué iba a decirle? No quería mentirle, pero decirle la verdad….Aunque…¿Por qué no? Necesitaba desahogarme y Alberto era la persona perfecta. Estaba claro que en Alistar no podía confiar más…Uf. No quería pensar en eso ahora. Quería olvidarlo, olvidar mi don y volver a ser la chica de siempre. Con mis amigas, mi familia y mi novio. Con una vida completamente normal.
-Sí, sí que me pasa… Por favor, tienes que confiar en mí.
-Claro, princesa. Vamos a otro sitio. –Nos cogimos de la mano y me llevó a un pequeño bar ambientado en los años 50. Nos sentamos en una mesa un poco apartada.
-Buenas tardes, ¿Qué querían tomar?-El camarero era joven, tendría entre 20 y 25 años. Tenía los ojos marrones grandes y el pelo rubio oscuro. Cuando se dio cuenta de que le estaba mirando me sonrió y bajé la mirada con timidez.
-Buenas tardes, dos coca-colas, por favor.
-En seguida.
-Bueno…¿Entonces quieres que te lo cuente?
-Claro.
-Vale, pero por favor, no me interrumpas…Es bastante largo.
-De acuerdo.
Empecé a contarle como había aparecido mi don, cómo todo lo que deseaba se hacía realidad, y como por mi culpa había aparecido Rubén, como estando él cerca no funcionaba mi don, el encuentro con Alistar, todo lo que me había contado y su traición…Mientras le iba contando todo esto, me iba dado cuenta de lo absurdo que parecía. Y todo esto en apenas una semana. La expresión de su rostro cambió de sorpresa a incredulidad y cuando le conté lo que me había pasado y por lo que estaba así, pasó ser de enfado.
Terminé de contárselo todo y bajé la mirada, esperando sin saber por qué, que me dejase, que se fuera del bar considerándome un bicho raro. La verdad, tendría razón.
Noté como algo me subía por el estómago y me entraban unas ganas enormes de llorar. No podía irse de mi lado… ¿Cómo había llegado a este punto de necesidad?
Tuvo que ver que estaba a punto de llorar, porque se levantó de su sitio sin decir nada, se sentó a mi lado y me abrazó con fuerza. Uf.
-¿Estás bien? ¿Por qué lloras?-Cogió una lágrima de la mejilla con su dedo y la limpió en su pantalón.
No me había dado cuenta de que había empezado a llorar.
-Por qué tú…Ahora que lo sabes…-No pude terminar.
-¿Ahora que lo sé, qué?
-Si te vas…
-¿Si me voy? Laura, no me importa eso. Rubia, morena, pelirroja, alta, baja, con o sin un don, te quiero igual. Ahora lo sé, y voy a estar aquí para ayudarte en lo que pueda.
Sonreí y le abracé. ¿Cómo podía ser tan perfecto? Nos separamos y le besé. Con ternura, con pasión, como tantas otras veces, pero sintiendo lo que nunca antes.
Dicen que es amor cuando sientes que algo dentro de ti cambia, cuando de pronto le miras con otros ojos. Cuando un día de lluvia te recuerda a él y uno en el que hace sol también. Cuando te acuestas pensando en su sonrisa y te despiertas pensando en sus ojos. Cuando intentas describir lo increíble que es pero te das cuenta de que no puedes, por que aún no han inventado palabras. Entonces sonríes tontamente, sin poder evitarlo. Cuando todo el mundo dice que tiene defectos pero te da igual, por que los amas tanto como a él. Sin duda, lo que sentía por Albero era eso. Y él sentía lo mismo, estaba segura. Siempre era mucho tiempo, pero Alberto y yo lo pasaríamos juntos.  
Tras bebernos las coca-colas y pagar la cuenta, salimos del bar. Caminamos de la mano hasta mi casa, donde nos despedimos hasta el día siguiente, ya que teníamos clase. Entré en mi casa justo cuando estaba poniendo la mesa mi hermano Me dirigió una mirada extraña, como avisándome sobre algo. No lo entendí y tampoco le di demasiada importancia, por lo que me dirigí a mi habitación para cambiarme cuando oí la voz de mi madre llamándome.
-Laura, ven al salón. Tenemos visita.
¿Visita? Llena de curiosidad fui y lo que vi me dejó boquiabierta. Era la última persona con la que esperaba encontrarme ahí, en el salón de mi casa.
Rubén.

(Así es el bar al que van Laura y Alberto).

martes, 10 de abril de 2012

¡gracias!:)

¡Hola!:)
El otro día estuve viendo los resultados de la encuesta, y me gustaría que la gente que le ha dado a “muy bien, aunque podría mejorar” y “buena, pero podría mejorar” me agregaran al tuenti si no me tienen, y me dejaran un privado con lo que creen que podría mejorar, por que si no avanzamos ni yo ni la historia, y lo que quiero es llegar a mejorar con el tiempo.
Muchas gracias a todos
¡Un beso muy fuerte!:)
PD: si no tenéis tuenti, dejármelo en un comentario, por favor :)

sábado, 7 de abril de 2012

CAPÍTULO 10:)

-¡Las diez menos cinco!- Había mirado el reloj esperando ver que serían nueve menos algo, pero no, eran las diez menos cinco y le había dejado en una nota a mi madre en la que ponía que estaría en casa a las nueve y algo como mucho.
-¿Qué pasa?- Alberto se incorporó de golpe y quitó la mano que tenía sobre mi cuello preocupado.
-Tendría que estar en casa desde hace un buen rato. –Mientras le contestaba me levanté corriendo y cogí mi bolso.
-Tranquila, estamos a diez minutos.
-Si…pero no quiero que se preocupe…
-De acuerdo, vamos. 
Salimos del parque medio corriendo,  al llegar a mi casa nos despedimos con un abrazo y un beso. Saqué las llaves del bolso y las metí en la cerradura con la mano temblando. Oí unos pasos que se acercaban. Al abrir me encontré  a mi madre con una mueca de enfado y los brazos cruzados.
-Lo siento…se me ha pasado la hora.
-¿Lo sientes? Laura, no es la primera vez. Hace tres días te fuiste por la mañana sin decirme a dónde y apareciste a las dos menos algo. Cuando llegaste te fuiste directamente a tu habitación sin darme ni una sola explicación. Tienes 16 años, puedes salir, pero quiero saber a dónde. Y sobretodo, que cumplas tus horarios. –No hubiera sido tan terrible si no lo hubiera dicho tan enfadada, lo peor es que sabía que tenía razón. Pero no había sido culpa mía, hace tres días fue por Alistar y cuando llegué por Alberto…
-¡Y ahora ni siquiera me estás escuchando! ¡Laura!
-Sí te estoy escuchando…
-Pues no lo parece…
-¡Pero lo estoy haciendo!-Contesté enfadada, no lo pude evitar.
-¡No me hables así!- Uff. No quería discutir con ella, pero mi comentario anterior había provocado el primer rayo de la tormenta.
-Me voy a dormir. Hasta mañana.
-Hasta mañana, y piensa bien en lo que “supuestamente” has escuchado.
No la respondí, mi giré y fui a mi habitación. Cerré la puerta, me puse el pijama y me acosté.
***
¿Dónde estaba? Llevaba un tiempo indefinido dando vueltas en el mismo lugar, aunque no sabía si podía considerarlo así. Para mí era tan solo una inmensa Nada. No podía ver nada, no había nada que ver. Solo una penetrante oscuridad que se adentraba en mi cuerpo cada vez más. De repente oí una voz. Su voz. La de Alistar llamándome. Grité su nombre varias veces, corriendo de un lado para otro, pero solo me respondía con mi nombre, una y otra vez, desde varias direcciones. Me senté en el suelo rendida y empecé a caer. Caía y caía. Y seguí así, cayendo en medio de la oscuridad durante ¿cuánto? ¿Dos o tres minutos? No lo sabía. Solo sé que fue durante mucho tiempo, y que pensé que nunca iba a parar. Cuando por fin mis pies se encontraron sobre el suelo, abrí los ojos. Enfrente de mí se extendía un camino. Sin saber a dónde iba y esperando que fuera hacia la salida, empecé a andar por él. Llegado un punto desapareció, y me encontré de nuevo en medio de la Nada. No podía aguantar estar ahí más tiempo o me volvería loca.
Solté un grito y di una patada al suelo. Todo se volvió blanco y a lo lejos, vi una sombra. Fui corriendo hacia ella. Cuando me quedaban apenas unos metros adquirió forma. La de Alistar, aunque una versión mucho más joven. Llegué a su lado e intenté tocarle, pero le atravesé. Sin embargo, estaba ahí, era tan corpóreo como yo.  Fijó la mirada en mí, o por los menos eso creí, por que al momento me di cuenta de que miraba un punto que se encontraba de tras de mí. Me giré y vi a Rubén con el aspecto que tenía cuando había sido un mago joven. Era casi igual al que tenía ahora, lo único que los diferenciaban a este y al actual eran los ojos. Seguían siendo grandes y verdes, pero transmitían algo completamente distinto.
Estos brillaban amables y tenían algo que te hacía confiar en él, aunque después de lo que pretendía hacerme y lo que había hecho con Alistar, algo tan simple como una mirada, por muy bonita o increíble que fuese (que sin duda lo era) no podía hacer que confiara en él.
Meanet venía muy sonriente, pero a medida que se iba acercando, su mirada se iba volviendo más negra. Me volví hacia Alistar, y vi como empezaba a acumular magia en las manos y al momento en sus brazos, que estaban cubiertos de un halo de luz brillante azul. Por el rabillo del ojo vi que Rubén hacía lo mismo,  pero su halo de luz era verde. Pensé que se atacarían entre ellos, pero en lugar de eso, tras mirarse y hacer un gesto, los dos se situaron enfrente de mí y me los lanzaron a la vez. Tardé en reaccionar y sabía que no podría apartarme, mis pies parecían pegados al suelo, por lo que cerré los ojos y deseé que no doliera demasiado. Cuando los dos “rayos” me alcanzaron pasó algo que nunca me habría imaginado.
Me desperté.
Me incorporé y miré confusa a mi alrededor, el sueño había sido tan real…Y el impacto todavía más, había sentido cómo me atravesaban  y el dolor provocado por él. De manera inconsciente me llevé la mano al estómago, que era el lugar donde me habían dado.  
-Laura…-Al oír la voz  pegué un brinco.  Era la voz de Alistar, y me llamaba igual que en mi sueño. Solo que esta vez estaba despierta y la voz sonaba en mi cabeza.
-Laura…-Me puse la almohada sobre los oídos, pero eso no me ayudó, su voz seguía sonando en cada rincón de mi cabeza. Decidida a ignorarla, cogí mi móvil y los cascos, me los puse y tras subir el volumen al máximo puse You´re gonna go Far, Kid, de The Offspring.  Estuve tumbada en la cama hasta que dejé de oír su voz. Me levanté y me puse un pantalón de chándal rosa con una camiseta blanca y una sudadera gris, a pesar de estar en mayo hacía bastante frío.  Bajé las escaleras y tras saludar a mis padres y a mi hermano, empecé a desayunar. Y de nuevo  apareció su voz en mi cabeza.
Me levanté de la mesa y llevé las cosas a la pila. Subí al baño y tras ducharme y secarme el pelo, me vestí, cogí las llaves, les dije a mis padres que me iba a dar un paseo y salí a la calle.
Tenía que ver a Alistar y contarle mi sueño, tenía la sensación de que  había sido algo más que eso.
Cuando llegué y fui a abrir la puerta, oí a Alistar hablando con alguien. No pude identificar su voz por lo que la abrí un poco y asomé la cabeza sin hacer ruido.
¿¡Rubén!? ¿Qué hacía hablando con él?
-Ya lo sabes, Meanet. Si quieres conseguir el cofre, tienes que apartarte de mi camino. Laura no puede sospechar nada.
-¿De verdad la consideras capaz de descubrirme? Solo es una niña.
-Sí, es solo una niña, pero no la subestimes. Eso dijimos de su abuelo y mira. Es un mago muy poderoso, los dos lo sabemos. Y cuando tenía la edad de Laura apenas sabía hacer un simple hechizo. Y ella si sabe.  
¿Mi abuelo? ¿Mago? No, no podía ser. Fernando no era y Adolfo murió cuando yo era una niña, tendría nueve o diez años. ¿Descubrir? ¿El qué? ¿Y qué es ese cofre? ¿Qué pasa conmigo? ¿Y con mi abuelo? ¿Alistar entonces, es amigo de Rubén? No puede ser…Si es su amigo, está claro, que me ha mentido. ¿Por qué? ¿Para qué? Él quitó el hechizo que me unía a Rubén…Él me ayudó…No me lo podía creer
-Pero Adolfo fue ayudado por…ya sabes. Y Laura no.
-Ella no necesita ayuda.
¿Quién ayudó a mi abuelo? ¿Y para qué? ¿Qué estaba pasando?
-Y Meanet, es la única que nos puede conducir hasta el cofre y lo sabes. –Al oír esta última frase de Alistar salí corriendo, no quería escuchar ni una palabra más. Por mucho que intentaba que no fuera así, la palabra “utilizada” no dejaba de dar vueltas por mi mente. Me fui a un parque y me senté en la hierba con la cabeza echa un lío entre las piernas. No podía creer lo que había escuchado. Entonces… ¿Mi sueño podía ser real? ¿Alistar me estaba utilizando para conseguir ese cofre y nada más? ¿Todo este tiempo me ha estado mintiendo? ¿Es que no podía confiar en nadie?

viernes, 30 de marzo de 2012

Capitulo 9:)

Hace 130 años, en la habitación de Alistar.

Me levanté de un salto, después de pasar casi toda la noche en vela por los nervios que me invadían al pensar en el día de hoy, 3 de diciembre. Y tenía motivos para estarlo, ya que no era solo mi cumpleaños número 100 sino también el de mi mejor amigo, Meanet. Últimamente estaba distante y esperaba que con mi regalo volviera a ser el de siempre. Desayuné corriendo y me vestí con la ropa más elegante que encontré. Una túnica azul nueva y unos zapatos oscuros. Salí a la calle enseguida, tenía muchas ganas de ver a Meanet y darle mi regalo. Formulé un hechizo y al momento estuve enfrente de su casa. Me sacudí la túnica y me apresuré a llamar, pero no respondió nadie. Volví a llamar una y otra vez, pero siempre obtenía los mismos resultados. Empecé a preocuparme y tras formular un hechizo me encontré en su habitación.
Miré con sorpresa a mi alrededor. La cama estaba hecha, la habitación recogida y nada de ropa en el armario. Fui a la cocina, al salón y a las demás habitaciones, pero tampoco encontré a nadie ahí. Toda la casa estaba desierta. Hacía un día ahí vivía Meanet y su familia, y ahora no solo estaba completamente vacía, sino que parecía que hubiera pasado todo un siglo desde la última vez que alguien hubiera vivido ahí. Cada habitación hacía que me sintiera más triste. Salí al jardín y me quedé quieto, contemplando su casa. No podía creerlo. Se había ido. Y lo que era aún peor, sin decirme nada, a mí, Alistar, su mejor amigo.
Empecé a andar sin saber a donde iba exactamente. No me importaba.
-¿Alistar?- me giré sin prestar atención y vi a Alodia, tan sonriente como siempre. -¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar con Meanet?
-Sí, pero…-¿Qué podía decirle? ¿Qué se había ido y no sabía a dónde? No. Tenía que haber otra solución. Conocía a Alodia desde hacía mucho, casi tanto tiempo como a Meanet, y sabía que en el fondo, y aunque siempre hubiera intentado disimularlo, le quería. No podía dejar que lo pasara mal por él innecesariamente.
-Si aparece mañana, no pasará nada. –Pensé eso, pero algo dentro de mí me decía que no iba a ser así, que no iba a volver. Sonreí e intenté ocultar lo que había pasado.
-Hemos quedado en el río. Vamos a ir a pasar el día por el río y sus alrededores. Nos vemos esta noche, Alodia.
-Bueno, pasároslo bien. Hasta luego.
-Adiós.
Se despidió de mí con una sonrisa y siguió su camino. En ese momento reaccioné, me di cuenta de que no podía haber ido muy lejos, ayer por la noche todavía estaba ahí, estaba seguro.
Aunque claro, si había usado un hechizo podría estar en cualquier lugar. Lo mismo estaba en la otra punta del mundo como a cinco metros. Para asegurarme, formulé un hechizo de rastreo en un radio de 3 kilómetros. Nada. Ni rastro de Meanet. Lo formulé de nuevo con seis kilómetros más, pero de nuevo no encontré nada, o por lo menos no lo que esperaba. Ya no podía hacerlo más amplio a no ser que me acercará más. Me transporté hasta un bosque que había a cinco kilómetros y volví a empezar. Y otra vez, nada. Ya no tenía sentido seguir buscando. Estaba claro que se había transportado, quizás hasta había utilizado otro hechizo para parecer invisible y que no pudiera encontrarlo, yo o cualquier otra persona que lo buscara. Me transporté hasta mi habitación y abatido y triste, me tumbé en la cama y empecé a dar vueltas a su regalo.
Tanto esfuerzo buscando el regalo perfecto para nada, para que desapareciera. ¿Cómo podía haber echo algo así? Solté un grito de rabia y frustración y di un puñetazo contra la cama.
Sentía una sensación extraña, como si se me estuviera olvidando algo. Además algo importante.
¿El qué? Me puse de pie de un salto y empecé a dar vueltas por la habitación, hasta que conseguí acordarme. ¡La fiesta! Era a las seis y ya eran las cuatro. Aún no había comido y al no tener hambre no me había dado cuenta de la hora. Todo el asunto de Meanet me había dejado sin ganas de hacer cualquier cosa. En ese momento se me ocurrió una idea con la que quizás pudiera encontrarle. Salí de la habitación y fui a otra mucho más pequeña y oscura.
No encendí la luz, sabía que en unos instantes no la iba a necesitar.
Me acerqué a una mesa que había en el medio de la sala y quité con cuidado la manta que protegía lo que se encontraba dentro. Una pequeña fuente plateada y una masa azul en su interior, la cual al momento bañó la sala de ese mismo color. Sonreí satisfecho y me dispuse a empezar de nuevo la búsqueda de mi amigo.
Saqué de la parte baja de la mesa una caja pequeña de madera con adornos dorados.
La abrí y el resplandor que emitió no me dejo ver por unos instantes. Cuando recuperé la vista, cogí un frasco alargado que contenía un líquido amarillo. En la etiqueta ponía: “Líquido de la visión. Una sola gota y verás todo aquello que desees.” Nunca la había probado con otro mago, pero podría funcionar, por lo que me apresuré a echar una gota, y la habitación se bañó de un tono verdoso. La masa anteriormente azul, ahora presentaba un color verde oscuro debido a la mezcla de los colores. Cuando éste estuvo completamente definido susurré su nombre.
-Meanet.
Esperé unos instantes, mientras la masa se volvía más clara y pasaba a ser completamente transparente… En apenas unos instantes deberían aparecer unas imágenes que mostrarían el lugar exacto en el que se encontraba. Pero no fue así. Se quedó como estaba. Dije su nombre una y otra vez, pero seguía sin aparecer ni una sola imagen. No lo entendía…Que fallara el hechizo anterior tenía su lógica, pero éste… Salí de la habitación confuso y enfadado. ¿Dónde podía estar? Decidí que daba igual el lugar, estuviera donde estuviera, le encontraría. Aún tuviendo que recorrerlo a pie. No descansaría hasta conseguirlo.

Capitulo 8:)

Ismael.
No podía creerlo. Después de todo lo que había pasado entre nosotros, tenía la caradura de presentarse aquí. Y encima, de buenas. Me levanté y me fui, cuando estaba llegando a mi casa me alcanzó y me agarró por la cintura.
-¿Qué haces? ¡Suéltame!
-Quiero que hablemos.
-¿Sobre qué? Y además, yo no quiero. Déjame en paz.
-Venga Laura…No seas así.
¿Así como? No esperaría que después de lo ocurrido estuviera bien, ¿verdad? Mi mente viajó en busca de unos recuerdos recientes, de mí y de Ismael. De nuestra historia. Una historia de amor  por mi parte, pero llena de mentiras por  la suya.
De repente, fue como volver a vivirlo todo. La primera mirada y sonrisa, cuándo nuestras manos se juntaron y después me besó, como sentí que era suya y mi sueño de estar siempre juntos, el cuál al poco tiempo se rompió en mil pedazos, junto con mi corazón, el que, gracias a Alberto, volvía estar entero y mejor que nunca. Recordé el sabor de las lágrimas cuando me enteré de que había estado con Estefanía a mis espaldas durante tres meses de los seis que habíamos estado, como caían una tras otra y como ni mis amigas pudieron pararlas, lo mal que me sentí y como poco a poco el enfado fue sustituyendo la tristeza. Enfado que hoy, tras dos meses, no ha dejado de crecer. Ismael estaba fuera de mi vida y me iba a asegurar de que no volviera a entrar.
-No quiero hablar contigo, Ismael. Me engañaste, ¿no lo entiendes? No hay nada que hablar. Es muy tarde. Ahora estoy con otro, y me quiere de verdad.
-Sí, lo entiendo. Y lo siento mucho, en serio.
-No, no lo sientes. Y aunque fuera así, no te pondría perdonar, por lo menos, todavía no.
Aprovechando un momento de despiste, salí corriendo y me metí en casa. Llamé a mi madre tres veces, pero no contestó, lo que significaba que estaba sola. Menos mal. Subí a mi habitación y me tumbé en la cama. Cogí el móvil y me puse música, siempre que estaba mal o tenía algún problema, me relajaba escuchar a mis cantantes favoritos. Aunque no quería, ver a Ismael me había afectado bastante. Me levanté y cogí un libro de la estantería. Cuando lo iba a sacar se cayó al suelo otro. Me agaché para cogerlo y me di cuenta de lo que era. Mi regalo para el cumpleaños de Ismael. Un libro con todos nuestros recuerdos hasta ese momento. El último era del último mes que hicimos juntos antes de que rompiéramos. Una foto con una dedicatoria. La leí mientras recordaba el momento exacto en el que nos la hicimos. El 10 de marzo. Habíamos ido a pasar la tarde a un parque de las afueras muy bonito y grande. Tras dar un paseo y tomar algo, estábamos descansando enfrente de un lago. Me dijo que me quería y tras contestarle que yo también me dio un regalo. Lo abrí mientras no dejaba de sonreírle. Una cámara. La misma con la que la foto había sido tomada instantes después. Era una foto muy bonita, la verdad. El lago de fondo y él dándome un abrazo. La dedicatoria decía lo siguiente:

¿Qué puedo decirte? Ese día lo resumió todo. Gracias por tu regalo, cariño, pues estar junto a mí, por hacerme tan, tan feliz. Gracias por hacerme sentir única, especial, aunque solo sea más de las seis mil millones personas que hay en el mundo, gracias por cada momento y por todos los que nos quedan por vivir, gracias por 5 meses.  Simplemente, GRACIAS POR TODO.
Y solo me queda decirte:
Te quiero más que a nada Isma, y espero que lo sepas.
Durante todo este tiempo te lo he demostrado de mil maneras distintas, con miradas, son sonrisas, con palabras, de todas las formas que se me han ocurrido. Pero sé que aun así no podrás imaginarte cuánto es. Después de todo, dos palabras tan simples no pueden expresar realmente lo que es, ni siquiera se acercan a la realidad. En esta carta lo que intento es que te des cuenta. Quiero decirte que eres lo mejor de mi vida, que siempre realmente es mucho tiempo, pero me encantaría pasarlo contigo. Porque eres mi sueño, mi presente y espero que mi futuro. Porque eres una piza tan fundamental en mi vida, que sin ti no podría vivir, o sí, pero no quiero y espero que tu tampoco sin mí. Porque te quiero, por eso.
No lo olvides nunca.
Te quiero tanto, tanto…

¿Cómo podía haber sido tan ingenua? En esos momentos estaba con otra. No me quería y si lo hacía, lo demostraba muy mal. Romper con él era lo mejor para mí, no podía estar con alguien así. Y tenía a Alberto. Alberto…Me moría de ganas de hablar con él. Al momento, sonó mi móvil. Corrí a cogerlo, y cuando leí el nombre en la pantalla, no pode hacer otra cosa más que sonreír. ¡Era él!
-¡Hola, cariño!
-¡Hola, princesa! ¿Qué tal estás?
-Pues muy bien, pensando en llamarte. Quiero verte. ¿Puedes quedar?
-Sí, de pronto me han entrado unas ganas enormes de estar contigo. Ha sido extraño. Estaba repasando para el examen de Lengua, y de pronto, has ocupado toda mi mente. Será que te quiero… ¿no crees?-
Dios, ¿podía ser más perfecto?
-Jajaja claro. Yo también a ti. Bueno, entonces… ¿Cuándo quedamos? ¿Te parece bien a las ocho enfrente de mi portal?
-Vale, a las ocho estoy ahí.
-De acuerdo. No vengas tarde, ¿eh?
-Claro que no, ya sabes lo puntual que soy.  Por si no te acuerdas, eres tú la que llegaste tarde al cine.-
-Por culpa de mi hermano, no mía.
-Si, si, eso dices. Te dejo, que ya son más de las siete y media y tengo que vestirme. Un beso princesa, te quiero.
-Hasta ahora, te quiero.
Colgué sonriendo. Como siempre. Desde que estaba con él, sonreír era lo habitual en mí. Era tan increíble…
Ya estaba vestida así que fui al baño me arreglé un poco el pelo, me eché sombra y brillo de labios, me cepillé los dientes y tras comprobar que todo estaba en su sitio, fui a la cocina y deje una nota diciendo que había salido a dar una vuelta con unos amigos (todavía no le había dicho a mi madre que estaba con Alberto), que no iría muy lejos y que a las nueve y algo estaría en casa.
Cogí las llaves y salí de casa. Eran las ocho menos cuarto. Salí andando deprisa, no quería retrasarme. Cuando llegué, él ya estaba ahí. Llevaba una camiseta blanca y azul y unos vaqueros oscuros con unas deportivas blancas. Como siempre, guapísimo. Me acerqué a él por detrás intentando no hacer ruido, y le puse las manos sobre los ojos.
-¡Hola, guapa! Llegas un poco tarde, ¿eh?
-No… ¿Lo ves? Son las ocho en punto.  Soy muy…-No pude terminar de hablar. Mis labios se encontraron con los suyos y me fue imposible seguir. Al separarnos y ver su sonrisa, me di cuenta de no necesitaba más pruebas. Ismael era una parte importante de mi pasado, pero eso era todo. Necesitaba a Alberto , y nadie podría ocupar nunca su lugar.