jueves, 12 de julio de 2012

Capítulo 15 (:


Salir de ahí no era un problema. Igual que habíamos llegado podríamos irnos. Me levanté y ayudé a Alberto a que se levantara el también. Aunque aparentemente estaba bien, no quería que hiciera ningún esfuerzo innecesario. Le cogí de la mano y empezamos a andar, aunque al poco tiempo paramos.
-Cierra los ojos. –Me puse enfrente de él y le cogí la otra mano.
-¿Por qué? –Me miraba con curiosidad.
-Es más cómodo si cierras los ojos. –Por la expresión de su cara me di cuenta de que no estaba entendiendo nada. –Nos vamos a transportar al parque que hay cerca de tu casa mediante mi don, y aunque no hace falta, es mejor que cierres los ojos. En un segundo estaremos ahí. Confía en mí.
-Confío en ti. –Le sonreí y cerramos los dos los ojos. Deseé estar en el parque con todas mis fuerzas y cuando los abrí ya estábamos en él.
-Ya puedes abrirlos. –Los abrió y pestañeó varias veces.
-Guau… ¡Esto es increíble! Hace un momento estábamos ahí, y ahora, ¡estamos aquí!
Me reí y le conduje hasta un pequeño banco que había enfrente de nosotros.
-Laura, oye…no recuerdo muy bien lo que ha pasado pero…Me has salvado, ¿verdad? –No pude evitar dar un respingo al acordarme.
-Bueno, podría decirse que si…Aunque es culpa mía.
Me miró sin comprender.
-¿Qué es culpa tuya?
-Todo…Si no tuviera este don, si no te hubiera hablado de él,  no habrías ido a la papelería de Alistar y no te habría pasado nada. –Lo último lo dije sin fuerzas, en apenas un susurro. Solo de recordar lo que podría haberle pasado…Todo mi cuerpo se estremeció y un nudo me oprimió la garganta con fuerza.
-Pero estoy bien, Laura. No lo pienses más. –Me puso un brazo sobre los hombros y me colocó la cabeza en su pecho. Aunque no quería, empecé a llorar. Llevaba todo el día llorando, que persona más triste.
-Tranquila, Laura. No pasa nada.
-¿Cómo que no pasa nada? ¿Pero, y si hubiera pasado? ¡No me lo perdonaría! Necesito que estés bien. No puedo dejar que corras ningún riesgo. –No pude seguir hablando. Aunque él tampoco me dejó ya que puso un dedo sobre mis labios mandándome callar.
-Laura, mírame. –Levanté la  cabeza y nuestras miradas se encontraron. Me tranquilicé al instante. -¿Me ves? Estoy bien. Perfectamente. Deja de preocuparte por algo que ya ha pasado. –Me dio un pañuelo y me limpié las lágrimas.
-Si…tienes razón.
-Lo sé. –Se rió y de nuevo puso mi cabeza en su pecho. –Bueno, princesa, ¿quieres que vayamos a alguna parte?
-Vale, pero no sé dónde. Estamos cerca de tu casa y no conozco mucho esto.
-Entonces seré tu guía. Vamos. –Nos levantamos y me besó. Cuando nos separamos, después de un par de minutos, aunque a mí no me pareció más de un segundo, me rodeó la cintura con su brazo y empezamos a andar. Paramos enfrente de un café-bar y entramos.
-Esta es solo nuestra primera parada. Cogemos un par de bocadillos y nos vamos. ¿De qué lo quieres?
-Me da igual. Confío en tu buen gusto. Aquí dentro hace mucho calor, ¿te importa si te espero fuera?
-No, tranquila. En un momento salgo. Invito yo, ¿vale?
-No, de eso nada. Tú ya me invitaste a palomitas  el día del cine, ahora me toca a mí. ¿Con quince euros bastará para coger también bebidas?
-De sobra. Espérame fuera.
-Vale, toma los quince euros. -Los saqué de mi bolso, se los di, salí fuera y me senté en un banco que había al otro lado de la calle. No habían pasado ni cinco minutos cuando Alberto salió. Me levanté y crucé la calle. Cogí la bolsa que me tendió y miré de que era mi bocadillo.
-¡Ala, es de tortilla de patatas y cebolla!. ¡Me encanta! Muchas gracias, cariño.
-De nada. Ya sabía que te iba a gustar. –Me guiño un ojo y empezamos a andar de nuevo.
-Bueno, ¿y a dónde vamos?
-Cerca de aquí hay un parque por el que pasa un río. Hay sitio donde poder sentarse , había pensado ir ahí a comer y luego a otro sitio, pero ese es sorpresa.
-Uy, suena genial. Vamos.
Andamos poco tiempo, diez minutos, hasta que llegamos al parque. Era precioso, todo lleno de árboles y parecía bastante grande. Entramos y seguimos un camino, aunque pronto empezamos a andar por el césped. El ruido que hacía el río y el viento al mecer las hojas de los robles que nos rodeaban me transmitía tranquilidad. Llegamos al río y nos sentamos en el césped. Sacó los bocadillos y me dio el mío junto a una Coca-Cola light.
-Gracias.
Comimos en silencio, escuchando el sonido del río y del viento. Terminamos de comer casi a la vez y nos tumbamos, él sobre el césped y yo muy cerca suya, con mi cuello sobre  su brazo.
-Te quiero. –Ya nos lo habíamos dicho antes, pero no me cansaba de oírlo. Sonreí y me puse boca abajo, mirándole a los ojos directamente.
-Y yo. Muchísimo. Más que a nadie. –Me incliné y le besé. Y nos seguimos besando durante mucho más tiempo. Poco a poco,  había dejado de oír y de sentir la hierba sobre la que estaba apoyada y al viento meciéndome suavemente. Solo le sentía a él, y en todas partes. ¿Cómo podía quererle tanto?  La respuesta me vino enseguida. No separamos y le abracé.
-Gracias. –Lo dije en un susurro y si no hubiéramos estado tan cerca no me habría oído.
-¿Por?
-Porque eres tú quién me ha salvado a mí.
-¿Así? ¿Y de qué?
-De todo. Sin ti no sería capaz de aceptar todo esto que me está pasando. Nadie más que tú podría entenderlo y mucho menos ayudarme tanto sin proponérselo. Cuando estoy contigo lo olvido todo,  nada es tan importante como tú. Puedo ser yo misma, Laura, sin más, no me siento como la Laura que tiene un don que no sabe usar y con el que no causa más que problemas. Me siento cómoda. Antes mi vida me gustaba, no me podía quejar,  a lo mejor era un poco monótona pero estaba acostumbrada. Ahora que estoy contigo, cada día es distinto. Me despierto sonriendo y me acuesto igual. Me siento afortunada de tenerte a mi lado. –Por fin lo había dicho. Bajé la mirada con timidez y la fijé en una mariquita que se había posado en mi mano derecha.
-Entonces tú también me salvaste a mí. –En cuanto terminó de hablar le besé. Por todos los otros besos, por cada abrazo, por todos los días que habíamos pasado juntos, por cada sonrisa, por cada momento, por todo, pero sobretodo, por que le quería y porque en ese momento la felicidad que sentía era tan grande que pensé que a partir de entonces las cosas mejorarían. Que equivocada estaba. 

miércoles, 4 de julio de 2012

CAPÍTULO 14:)

-Por favor, despierta…Abre los ojos…-Su  pulso seguía siendo muy débil. Las lágrimas no dejaban de caer y casi no podía ver. Me las sequé como pude con las manos, pero no sirvió de nada. Siempre  supe que la frase “tengo el corazón echo añicos” era solo una metáfora, pero realmente me sentía así. “Por favor, por favor…deseo que se recupere…necesito que esté bien…”Todo siguió como antes de pedir mi deseo.
-¡¿De qué sirve tener un don sino puede ayudarme cuando más lo necesito?!- Sabía que no había nadie que pudiera oírme, pero me daba igual. Me sequé las lágrimas de nuevo y me levanté. No podía permitir que le pasara algo a Alberto por mi culpa. No. Teniendo un don o no, conseguiría que se pusiera bien. En ese momento miré por primera vez a mí alrededor. Yo ya había estado antes ahí. No sabía cuándo, ni porqué, ni siquiera terminaba de saber exactamente dónde estaba. Pero aun así, tenía la sensación de que ya había estado en ese lugar. Me giré y vi una luz a lo lejos. Sin pensarlo, me puse delante de Alberto. Nadie más volvería a hacerle daño por mi culpa. La luz se fue acercando cada vez más, y cuando estaba a apenas diez metros,  fue tomando la forma de una persona. Di unos pasos para atrás y me quedé a apenas 2 centímetros de Alberto. Cuando pude ver quién era con claridad, creí que estaba soñando. Me froté los ojos varias veces, esperando ver como desaparecía, pero siguió ahí, acercándose cada vez más. De forma involuntaria, di un paso al frente. Cuando estuvimos a apenas un metro, le miré a los ojos, aunque quizás debería decir que me miré a los ojos, porque esa persona (aunque no sabía  si era eso exactamente) era igual que yo. Los mismos ojos grandes y marrones, el pelo largo y castaño, los mismos labios pequeños y ligeramente sonrosados, incluso la misma ropa, lo único diferente era su mirada y por eso mismo me sentí intimidada. Me miraba con dureza y seriedad, casi parecía estar reprochándome algo.
-¿Qué haces ahí quieta?
Su voz me pilló por sorpresa. No era el mismo tono que el mío. El suyo, sin duda, estaba lleno de furia, y como había pensando, de reproche
-¿Co...Cómo?
-Tu, bueno, nuestro novio se está muriendo y estás aquí sin hacer nada. ¿Eso es lo que le quieres? Porque yo no recuerdo haberme sentido así. –Al instante las lágrimas acudieron de nuevo a mis ojos sin ser llamadas y sentí como el sentimiento de angustia me recorría todo el cuerpo.
-No sé que puedo hacer… ¿Qué te crees, que me gusta verle así? Tú, siendo yo, deberías saber como me siento. –La angustia pasó a ser enfado.  No me lo podía creer. Me estaba volviendo loca, no le encontraba otra explicación. ¿Porque qué sentido tenía que yo, bueno, mi otro yo, me estuviera regañando? En mi cabeza se estaba formando un auténtico remolino, Alberto, Alistar, Rubén, el hecho de estar hablando conmigo misma, todo daba vueltas, y nada parecía tener una explicación. Necesitaba estar sola. Aislada del mundo, sola en compañía en Alberto. Necesitaba ser feliz a su lado sin ninguna preocupación estúpida. Me eché a llorar sin poder evitarlo. Me senté al lado de Alberto y sin mirar a mi alrededor, sobretodo a mi “otro yo” me cubrí la cabeza con las manos. Noté como una mano se posaba en mi hombro derecho con un ademán tranquilizador, pero no me moví. Quería salir de ahí.
-Laura…-Un silencio incomodo nos envolvía a las dos, lo único que lo perturbaba era el sonido de la respiración agitada de Alberto. –Laura…Yo…Bueno, estoy aquí porque…lo que quiero decir es que…En fin, Laura, que eres, somos, una persona fuerte. No dejes que tu don te domine, aprende a utilizarlo. Puedes curar a Alberto, si no fuera así yo no estaría aquí. Tienes mucho más poder del que tú crees. Bueno, me tengo que ir. Confía en ti.
Cuando levanté la cabeza, ya se había ido. Pero me había devuelto las ganas de luchar por lo que quería. Podía hacer que Alberto se pusiera bien, estaba segura. Me puse de rodillas a su lado, sujeté su mano entre las mías y deseé con todas mis fuerzas que estuviera bien, esta vez sabiendo que podría conseguirlo.
Al principio no ocurrió nada, pero no paré, y poco a poco noté como un calor salía de mis manos y envolvía su cuerpo. Su cara volvía a tener su color habitual y su respiración cada vez era menos agitada, hasta que fue normal. Poco a poco, intentó abrir los ojos pero no le dejé.
-Shh…No te muevas. Tranquilo. –Sus labios se curvaron en una sonrisa. –Te quiero.
-Y yo. –Le abracé con fuerza y me eché a llorar, esta vez de alegría. Lo había conseguido después de todo, aunque todavía había algo por resolver. Teníamos que salir de ahí.

jueves, 24 de mayo de 2012

CAPÍTULO 13:D

“No puede ser. No puede estar aquí.” Me froté los ojos varias veces, esperando que desapareciera, que fuera un producto de mi imaginación, pero no. Seguí ahí y parecía tan real como yo. Me acerqué despacio y él sonrió tristemente. Cuando estaba a apenas unos centímetros me di cuenta de que no era real, sino solo una proyección. Muy real, eso sí. Miré sorprendida a Alistar y él pareció saber lo que estaba pensando.
-Es solo una imagen. Lamentablemente, tu abuelo no esta aquí.
-Sí, me he dado cuenta.
-Laura…
-¿Qué pasa?-No podía evitar estar enfadada. No entendía porque no me lo había explicado todo desde el principio. Me hubiera ahorrado bastantes cosas.
-Te entiendo. -¿Qué? ¿Qué quería decir? ¿Cómo que me entendía? No, no lo hacía. No tenía ni idea. Él había sido siempre  un mago, su vida había sido siempre la misma. No sabía lo que era ver como tu mundo cambiaba sin que lo pudieras evitar. Él no tenía un estúpido don. Él tenía lo que quería, podía elegir, y yo no.
-No.
-¿Cómo que no? –Parecía enfadado.
-Pues eso, que no.
-Estás muy equivocada, Laura. ¿Qué piensas? ¿Qué eres tú la única víctima de todo esto? –Sí, se había enfadado. –Por si no lo sabes, yo perdí a mi mejor amigo, era como mi hermano. Y también mi vida. Si no se hubiera ido, hubiera vivido en mi mundo, con mis amigos y mi familia. Me hubiera casado y hubiera vivido lo que siempre deseé. Pero no fue así. ¿Y ves que me queje? No, aquí estoy. No me he rendido, porque este es mi deber. Y hasta que no consiga atrapar a Rubén y saber que planea hacer contigo no me rendiré.
No supe que decir. No me había dado cuenta de eso. Por una vez, me puse en su lugar. Me imaginé viendo como Lucía se convertía en mi enemiga y mi misión era atraparla para llevarla a una prisión. Me imaginé luchando contra ella sin ninguna otra opción, sabiendo que si la hacía daño no me lo podría perdonar. Y por último, me imaginé estar en un planeta desconocido sola, lejos de todo lo que quería junto a mí.
Pff. Y yo decía de mí…Bajé la cara con vergüenza. 
-Lo siento, Alistar…
-No pasa nada. Por una parte te entiendo.-Le miré a los ojos con sorpresa. –Sí. De una u otra manera, yo ya sabía lo que pasaría tarde o temprano y disfruté al máximo con Meanet y Alodia. Tú no tenías manera de saber lo que te esperaba y de un día para otro tu vida ha cambiado.
-Además, cuando te oí hablando con Meanet y dijiste que me estabas utilizando fue horrible. Me sentí fatal, porque confiaba en ti y me habías fallado, y claro…
-¿Qué? ¿Me oíste hablar con él?
-Sí…
-Pero, ¿cómo?
-Tuve un sueño bastante raro. Quería contártelo y por eso vine a la papelería. Cuando llegué te oí hablar con alguien, y aunque la voz me sonaba, no llegaba a identificarla. Abrí la puerta y te vi hablando con él. Le dijiste que yo era la única capaz de conduciros hasta un cofre y que debía apartarse de tu camino, porque si no no lo conseguirías. También os oí hablar de mi abuelo.
-¿Y eso te llevó a averiguarlo todo sobre Adolfo?
-Si…
-Supongo que por eso estás aquí, buscando una explicación.
-Sí. ¿Vas a decirme ya la verdad?
-Lo siento pero no…
Antes de que pudiera contestar, volvió a hablar.
-…¡No seas impaciente! La vas a saber, pero no porqué yo te la vaya a contar. Ese no es mi trabajo.
En ese momento lo entendí todo. Me giré y miré a mi abuelo. Él asintió y me hizo un gesto para que fuera hacia él.
-Bueno, Laura…Es hora de que conozcas la verdad. –Sin saber porque me puse nerviosa, y noté como todo me cuerpo temblaba. -¿Estás preparada?
Después de varios intentos, logré balbucear un tímido “sí.”
Alistar me trae una silla y tras sentarme, miré a mi abuelo, que enseguida empezó a hablar.
-Desde mi tatarabuelo, ha habido magos en la familia. Él se llamaba Lilés. Nació en Plutón, pero cuando sus padres y su hermana murieron en un accidente, vino a este planeta. No sabía que iba a encontrar aquí, pero quería olvidarse de todo lo que le había atado a su mundo. Cuando llevaba aquí apenas una década y su aspecto era de un joven de 25 años, conoció a alguien. Mi tatarabuela, Maribel. Se enamoró de ella y se casaron, pero antes de eso le contó su secreto, es decir, que era un mago. A Maribel no le importó. Quería a Lilés por encima de cualquier otra cosa. A los pocos años tuvieron un hijo, mi bisabuelo. Éste heredó los poderes de su padre y cuando  tuvo 50 años, bajo otra apariencia, volvió a Plutón. Allí pasó el resto de su vida, y se casó con otra maga, con la que tuvo dos hijos, una niña, Silea, y un niño, Atalis. Solo él heredó los poderes de sus padres y deseoso de conocer el lugar en el que su abuelo había encontrado a su mujer, viajó a aquí. Y se enamoró de este planeta, tanto que no volvió al suyo. Formó una familia, y tuvo a mi abuelo, quién con 15 años se casó con mi abuela, Isabel. Éste murió muy joven, con 30 años, y no tuvo nunca ningún don. Mi padre, Juan, tampoco. Durante un período corto, se creyó que la magia había desaparecido de nuestras vidas para siempre, pero eso duró poco, ya que yo nací  siendo mago. Mis padres lo celebraron y me mandaron  a Plutón para que pudiera aprender a usar mis poderes solo, aun que sabían que a pesar de no ser magos, podrían vivir ahí. De hecho, en Plutón hay mucha gente que no es mago.
En poco tiempo completé mis estudios, volví aquí y me encontré con Alistar. Él estaba buscando a Meanet. Le ayudé y juntos intentamos descubrir dónde se encontraba, pero fue imposible. Hasta que tú naciste. En ese mismo instante, se dejó ver y no solo eso, fue a ver a Alistar para hablarle de ti. Alistar, por supuesto, no le dijo nada de ti y Meanet se enfadó. Le dijo que podías suponer un peligro para todos, y que tenías que estar vigilada. Alistar no le hizo caso y le ordenó que se fuera. Él  desapareció y no volvimos a verle hasta que tú viniste aquí y le hablaste a Alistar de él. Desde ese momento le tenemos localizado, pero seguimos sin saber que se trae entre manos. –
Estaba dándole vueltas a todo lo que acababa de decir, cuando la puerta se abrió de golpe.
-¡Alistar! –Nos giramos los tres a la vez, y ahí estaba. Meanet. Alistar y mi abuelo parecían no poder articular palabra, por lo que lo hice yo.
-¿Qué haces aquí?-Di un paso al frente y me empujó hacia tras. Si mi abuelo hubiera estado ahí de verdad, no me habría caído pero no fue así y me di contra una estantería. Antes de que pudiera levantarme, Alistar se puso delante de mí e impidió que Meanet volviera a ir a por mí. Mi abuelo había desaparecido y al darme cuenta, un único pensamiento cruzó mi mente. “Cobarde”.  Meanet y Alistar estaban luchando, y al parecer, Alistar no iba demasiado bien. No sabía que hacer. Cuando todo iba mal, la puerta se abrió, y pareció que la tienda entera se había congelado. Alistar y Meanet dejaron de luchar, yo me quedé quieta, y objetos que volaban por el aire volvieron a su sitio original.
-¿Laura?- Tenía que estar soñando. No. Esa no podía ser su voz. Alberto. ¿Qué hacia él aquí? Menos mal que estábamos en una sala que no se veía a simple vista, para ver la puerta había que entrar en la tienda  y para entrar a la habitación, apartar una mesita pequeña. Pero claro, dudaba que Meanet hubiera cerrado la puerta, por no hablar de  colocar la mesilla mediante un conjuro. Me giré y comprobé que, como pensaba, estaba abierta. Deseé con todas mis fuerzas que se cerrara, no podía permitir que nada malo le sucediera, y estaba segura de que si entraba aquí, no iba a salir bien. No llegué a tiempo. Cuando quise cerrarla, Alberto ya había puesto un pie en la habitación y tenía los ojos clavados en mí. Meanet le vio en seguida y le reconoció. Todo fue muy rápido. Se libró de Alistar empujándole contra una pared y éste quedó inconsciente por el golpe. Meanet avanzó hacía nosotros con furia reflejada en sus ojos. En sus manos se acumulaba magia, que sin duda iba a dirigir hacia uno de los dos. En un principio, pensé que la usaría contra mí, pero en el último momento se giró hacia Alberto. Empecé a correr lo más rápido que pude hacia él, no le iba a tocar. No se lo permitiría. Nos lanzó el rayo cuando estaba delante de Alberto. “Por favor. Por favor. Deseo que estemos en un lugar seguro. ” Abracé a Alberto y desaparecimos en seguida, pero pude notar el impacto del golpe en mi espalda y aunque intenté evitarlo, dio también a Alberto, que soltó un grito de dolor. Cerré los ojos y al abrirlos, comprobé que estábamos a salvo. Sonreí aliviada, pero ver a Alberto en el suelo tumbado, con los ojos cerrados, me hizo darme cuenta de que la pesadilla no había terminado aún.
-¡Alberto!-Me arrodillé y puse su cabeza en mis piernas. Le sacudí los brazos, pero no ocurrió nada.. No reaccionaba. Le tomé el pulso y supe de que seguía vivo, aunque su corazón latía muy despacio. Las lágrimas empezaron a caer una tras otra en sus mejillas. No nos podía estar pasando esto. No. Tenía que estar soñando.

sábado, 5 de mayo de 2012

Capítulo 12:)

¿Qué hacía en mi casa?
-Hola, Laura. Me he cruzado con tus padres por la calle y me han invitado a comer. Espero que no te importe. –Increíble. Estaba segura de que  no le importaba ni yo, ni lo que pensara sobre él, solo ese estúpido cofre. Y mis padres ni le conocían. Alistar me había estado vigilando mucho tiempo, por lo que le habría descrito como eran y dónde podía encontrarlos. Un repentino odio me llenó por completo. Odio hacia él, hacia Rubén, hacia mi don, y todo lo relacionado con él. Hasta a mi abuelo, por ser un mago. Si él hubiera sido normal, ahora yo también lo sería. Al momento me arrepentí de haber pensado así. Estaba claro que mi abuelo no tenía la culpa. Había sido muy egoísta al pensar algo así. Era yo la que estaba montando un drama de todo esto, él había sido capaz de tener una vida normal, dejando su don aparte. Y yo también podría hacerlo. No quería que el hecho de ser una maga, por decirlo de alguna manera, me destrozara la vida. Aunque claro, no toda la culpa era mía,  Rubén era el que lo había empeorado todo. Él y Alistar. Y no iba a continuar así. No iba a darles el gusto de ver como me amargaban.
Apreté los dientes y me forcé a mi misma a sonreír con amabilidad. Mis padres no sabían nada, y quería que siguiera siendo así.
-Claro que no. ¿Qué hay para comer, mamá?
-Arroz a la cubana con pollo. Si hubiera sabido que iba a venir a comer, habría hecho otra cosa, pero ya no tengo tiempo…- Se lo dijo a Rubén y me enfadé aún más. Si no le gustaba que se aguantara,  nadie le había invitado.
-No hay problema.
-Mamá, voy a cambiarme. Cuando esté la comida avísame, por favor. – Necesitaba alejarme de Rubén. Si seguía a su lado, corría el riesgo de no poder controlarme y usar mi don contra él. Y eso no me convenía, porque podría  lanzarme un hechizo aún más fuerte. Fui a mi habitación, me cambié de ropa y bajé las escaleras. Mi padre y mi hermano estaban ya sentados en la mesa con Rubén. Mi madre estaba llevando cosas a la mesa. En ese momento, me entró curiosidad por saber algo sobre mi abuelo. Miré a mi madre entrando en la cocina, y pensé que siendo su padre, seguramente le habría ocultado que era un mago. Y además, si intentaba sonsacarle alguna cosa,  me haría un montón de preguntas que no podría contestar. A mi padre, tampoco. Se lo terminaría contando a mi madre, así que  no me convenía, y aparte, ¿por qué iba a saber él algo?
Solo me quedaba mi hermano. Cuando yo era pequeña, él y Adolfo habían estado muy unidos. Podía saber algo y confiaba en él. Si le decía que no se lo contara a nadie no lo haría., estaba segura.
Me acerqué a la mesa y me senté a su lado.
-Jorge… ¿Podemos hablar un momento?
-¿De qué?
-Vamos a tu habitación. –Le miré y pareció comprender que no podía saberlo nadie más. Tras pensar unos instantes, asintió y nos levantamos los dos a la vez. Subimos las escaleras sin hablar ni mirarnos. Al abrir la puerta de su habitación me senté en su silla y él en la cama.
-Bueno, ¿de qué querías hablarme?
-Esto…Del abuelo.
-¿Fernando?
-No…Adolfo- su expresión me transmitió una profunda tristeza, aunque duró solo un momento, ya que enseguida volvió a ser la misma de siempre.
-¿Por?
-Simple curiosidad.
-Si, si... Laura, no me lo cuentes si no quieres, pero sé que no es solo curiosidad. Si fuera así, me habrías preguntado hace mucho. –Bajé la cabeza con  vergüenza, me había pillado.
-La verdad es que hay algo más que curiosidad, sí.
-¡Lo sabía!- Se rio con ganas y me miró con satisfacción.
-Bueno…No te lo puedo contar,  lo siento, pero necesito que me cuentes la verdad. Es importante.
-De acuerdo. Puedes contar conmigo.
-Pues…Verás… ¿Alguna vez…notaste algo raro respecto al abuelo?
-¿A qué te refieres con algo raro?
-Pues a eso…Algo raro, fuera de lo común…
-Laura, sé perfectamente qué significa raro. –Muy gracioso. Me crucé de brazos y se volvió a reír. Empezaba a dudar se preguntarle a él había sido una buena idea.
-¿Podemos ser serios? Por favor.
-De acuerdo. La verdad es que no lo sé, Laura. Cuando murió yo era pequeño, tenía 14 años, hace 6 años.-Pues vaya. ¿Cómo nos podía haber ocultado algo así a todos?
-Bueno, pues nada.
Empecé a andar hacia el pasillo, y cuando fui a abrir la puerta, me llamó.  
-Espera, Laura…Sí que hay algo. Es tan solo un sueño, pero… me parece que debo contártelo. Tenía 14 años. Fue dos semanas después de que muriese. Estaba en mi cama, leyendo un libro que él me había regalado, cuando apareció, sentado en una silla. Me puse de pie de inmediato, asustado.
Sabía que él había muerto. Y parecía tan real…Me dijo que no me asustara. Antes de que le pudiera contestar, me dijo que prestara atención, que tenía poco tiempo, y lo que iba a decirme era importante. Asentí con la cabeza y me dispuse a escuchar lo siguiente.
“Llegará un momento en el que Laura te pregunté por mí. Debes decirle todo esto, palabra a  palabra. No se te puedo olvidar nada, es muy importante.
Las cosas no son lo que parecen. El pasado queda oculto en medio de los recuerdos, si quieres descubrir algo sobre  ellos, busca aquello que haga que sean eternos. Nunca intentes huir del pasado, debes afrontarlo porque al igual que lo pasado no se puede cambiar, el futuro está en tus manos. Es una hoja en blanco, lista para que la escribas. Elije bien cada palabra que vayas a usar y sobretodo, por lo que quieres que te recuerden.”  Me quedé quieto, pensando en lo que me acababa de decir. Cuando levanté la cabeza para preguntarle por su significado, había desaparecido. Y en ese momento me desperté. No volví a soñar con él, y tampoco se lo conté a nadie. Pero siento que este es el momento.
No tenía sentido. Mi abuelo me había dejado un mensaje a través de mi hermano. ¿Por qué no decírmelo a mí directamente? ¿Y si no le hubiera preguntado? Nunca lo habría sabido. Aunque él parecía tener muy claro que de alguna manera me enteraría. “El pasado está oculto entre los recuerdos...” ¿Qué quería decir? “Busca entre ellos…”
-¿Laura? Venga, despierta. Tenemos que ir a comer ya. –La voz de mi hermano me  llegó de lejos, un susurro que interrumpió el hilo de mis pensamientos.
-Si…ya voy. –Aunque estaba deseando investigar sobre el mensaje de mi abuelo,  tenía que bajar. Todavía estaba Rubén ahí, esperando para comer. Algo mucho más grave y difícil de aguantar que todo lo relacionado con mi abuelo. Bajé las escaleras detrás de mi hermano, deseando que acabara pronto.  Cuando llegamos a la mesa, mi hermano ocupó su anterior sitio, y yo me senté delante de Rubén.
Mi madre trajo enseguida el primer plato y empezamos a comer. Mis padres no dejaron de hablar con Rubén y mi hermano y yo nos limitamos a comer en silencio. No nos apetecía decir nada. Jorge no era demasiado hablador y bueno yo…No tenía intención de hablar  con Rubén más de lo necesario. Cuando acabamos de comer el primer plato mis padres se levantaron y empezaron a recoger.
Miré a Rubén y vi que él también tenía su mirada fijada en mí. Y no era una mirada de odio, sino amable. Sus labios se curvaron en una sonrisa, lo que hizo que se notara más la cicatriz que tenía en su mejilla. ¿Qué pretendía? Seguramente pensaría que si era amable conmigo sería más fácil utilizarme. Pues no.  Estaba muy equivocado, no me rendiría sin luchar. Y mucho menos caería en sus garras. Su mirada cambió. Se volvió dura y me hizo sentir indefensa. Bajé la mirada, pero al momento me arrepentí. No quería que pensara que era una debilucha. Volví a fijar mis ojos en los suyos y le sonreí, con un pensamiento en mente. “Eso es. No le des lo que él espera.” Pareció sorprendido y enfadado, pero enseguida bajó la mirada. No lo entendí. ¿Por qué no había hecho nada? La respuesta me vino al instante. Mi madre acababa de entrar en el salón seguida de mi padre. Puso en el centro el segundo plato, y empezó a servirnos.
Cuando cogió el plato de Rubén, éste le sonrió y me quedé contemplando la cicatriz. Una pregunta invadió mi mente. ¿Se la habría echo Alistar o mi abuelo? Era ridículo pensar eso, no tenía ninguna prueba, pero algo me decía que no me equivocaba. “Bueno, eso ahora no importa, lo importante es descubrir que pasa con Alistar, Rubén y mi abuelo. Todo lo demás es secundario.” Seguí comiendo lo más rápido que pude y cuando terminé me levanté, cogí mi plato y fui a la cocina. Lo dejé en la pila y me apresuré a subir a mi habitación poniendo como excusa que estaba sonando mi móvil. Cuando llegué, me tumbé en la cama y me puse a pensar en lo me había dicho mi abuelo. Bueno, en lo que le había dicho a mi hermano. No se me ocurría que podía significar. “Busca entre los recuerdos…” ¿Qué significaba eso?
Los recuerdos…Los recuerdos… ¿Cómo iba a buscar entre ellos? ¡Son recuerdos! Aunque claro él no me había dicho que buscara entre ellos, sino entre lo que hace que sean eternos. ¿Qué hace que un recuerdo sea eterno? Tú recuerdas algo vivido cuando ves algo viejo, como un juguete de cuando eras un niño. O una dedicatoria de una amiga que hace mucho tiempo que no ves…Incluso una prenda de ropa. ¿No podía haber sido un poco más específico? Justo en ese momento sonó mi teléfono y del susto pegué un brinco.
-¡Hola! ¿Quién es?
-¡Laaaaaaura! ¿Qué tal?
-Hola, Lucía. Pues muy bien, ¿y tú?
-Igual. Te llamo por qué estoy un poco aburrida. No molesto, ¿verdad?
-Claro que no. –Me entraron ganas de preguntarle por el “acertijo” de mi abuelo. A lo mejor ella sabía algo y ya no me quedaban ideas. Total, por probar no perdía nada…-Lucía oye… ¿Qué dirías que hace eterno un recuerdo?
-¿Eh? ¿Y esa pregunta? ¿Eterno un recuerdo? No sé… ¿Una foto?- No había pensado en eso. Una foto plasma un momento de tu vida, lo hace eterno, ya que cada vez que la ves lo recuerdas. Sí. Podía ser eso. ¿Pero de donde iba a sacar una foto? Tenía que ser de él, claro. Pero todas sus cosas estaban en su casa…Y quedaba a una hora en coche desde la mía. Sin coche, una hora y media. Y eso andando deprisa. Y aparte estaba el asunto de las llaves. Aunque…pensándolo bien, mi madre se había traído algunas cajas. En ellas había álbumes de fotos, ropa vieja, muñecas de cuando era pequeña…Quizás en algún álbum encontrara algo.
-¿Hola?- Pobre Lucía, la había dejado hablando sola después de todo lo que me había ayudado.
-Lo siento mucho y muchas gracias. Eres la mejor. En serio. –Oí su risa en la otra línea y sonreí. Sin duda, Lucía era una de las mejores personas que había en mi vida e iba a ser así mucho más tiempo.
-No te preocupes y de nada, supongo. No sé en que te he ayudado exactamente pero bueno. ..
No pude evitar una carcajada.
-Ya te lo contaré.
-Vale. Oye, me tengo que ir. Luego conéctate y hablamos.
-Vale, adiós. Un besito.
Colgué y subí a la buhardilla. Al momento encontré las cajas de mi abuelo. Las abrí y miré en su interior. Había de todo. Ropa, dibujos de mi madre cuando era pequeña, algún que otro juguete…Al fondo estaban los álbumes. Saqué uno  de los tres que había, y empecé a buscar, aunque no sabía muy bien que iba a encontrar. Nada. Saqué el segundo y de nuevo, nada. Por último saqué el tercero, pero tampoco estaba lo que andaba buscando. Justo cuando lo iba a meter, se cayó un sobre de su interior. Era una carta. Lo abrí con cuidado y tras desdoblar la carta, me apresuré a leer lo que ponía. No pude evitar soltar un grito de sorpresa. La carta decía lo siguiente:

Querido Adolfo:
Respondiendo a tu pregunta, no, no tienes necesidad de ocultarle nada a Alodia. Después de todo, ella está al corriente de todo lo demás. Y al resto…Bueno, preferiría que las cosas siguieran como están, es decir, que no supieran nada. Lo siento, sé que es duro para ti mentir a tanta gente. Pero es necesario, y los dos lo sabemos.
Pasemos a lo importante. Llevó dos semanas camuflado, espiando a Meanet el máximo de horas posible. Se está haciendo muy fuerte. Parece tener algo en mente que todavía no he descubierto. Cuando lo haga, seguiré con el plan que ideamos, pero sigo sin estar muy convencido. ¿De verdad crees que va a creer  que quiero ser su aliado? No te preocupes, lo voy a intentar. No me estoy viniendo abajo.
Te agradecería que me mandaras más información sobre Laura. Una foto o algo así, es difícil proteger a una persona si no sabes cómo es.
Te mando un pequeño regalo. Es una foto de nosotros tres cuando éramos unos niños. Qué tiempos…
Tu amigo,
Alistar.

Tras doblar la carta, miré la foto. El tiempo había hecho que perdiera calidad, pero podía verse perfectamente como los tres sonreían. Cuando iba a guardarla, me di cuenta de que tenía algo escrito por detrás. Me acerqué a una lámpara y empecé a leer.

 Espero que encuentres esto pronto y que el mensaje de Jorge te haya servido. Sé que ahora mismo estrás echa un lío, yo también lo estaría. Pero debes ser fuerte, Laura. No eres una cría ya.
Eres una maga. Y como tal, tienes unas responsabilidades determinadas. Me encantaría poder estar ahí para ayudarte, pero no es posible. No obstante, no necesitas mi ayuda. Lo primero, debes saber en quién confiar y espero que la carta anterior te haya servido para averiguar que Alistar no es el enemigo. Y debo decirte que Meanet no es lo único peligroso de ahí fuera. Yo me di cuenta demasiado tarde y ahora mírame…No soy nada. Pero tú sí, Laura. Eres la única capaz de resolver todo esto. Cuando puedas, ve a hablar con Alistar. Llévate esta foto y la carta, te lo explicará todo.  Siento no poder estar ahí contigo, pero muy pronto nos volveremos a ver, confía en mí.

No sabía que pensar. Entonces… ¿Todo había sido un engaño? ¿Alistar había fingido estar del lado de Rubén para acercarse a él y poder pararle? ¿Por qué no me lo había dicho?
Bajé las escaleras y comprobé que ya no estaba Rubén.  Me despedí de mis padres, salí de casa y me encaminé hasta la papelería de Alistar con la carta y la foto en la mano.
Necesitaba saber la verdad de una vez por todas. Al entrar, Alistar me hizo un gesto para que le siguiera. Sorprendida, le seguí y lo que vi me dejó sin palabras. Cuando por fin pude hablar, una única palabra consiguió salir.
-¿Abuelo?
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Siento la tardanza, no he tenido casi tiempo de escribir y cuando lo hacía, eran auténticas porquerías.
Sí, sé que más largo de lo habitual, pero una vez tuve la idea, no pude pararla y todo me parecía importante.
Bueno, no os quiero quitar más tiempo. Espero que la espera haya merecido la pena y que este capítulo os guste.
Un beso:)

viernes, 13 de abril de 2012

CAPÍTULO 11

-¿Laura?- Levanté la cabeza y vi a Alberto.-¿Qué te pasa?
-Nada, no te preocupes…
-¿Cómo que nada? Anda, levanta. –Me cogió una mano y al levantarme y sonreírme le abracé lo más fuerte que pude, necesitaba hacerlo.
-Laura… ¿Por qué no me dices lo que te pasa? Porque está claro que algo es, y me estás ahogando. Sabes que puedes contarme lo que sea, soy tu novio.
Sí, lo sabía…Pero, ¿Qué iba a decirle? No quería mentirle, pero decirle la verdad….Aunque…¿Por qué no? Necesitaba desahogarme y Alberto era la persona perfecta. Estaba claro que en Alistar no podía confiar más…Uf. No quería pensar en eso ahora. Quería olvidarlo, olvidar mi don y volver a ser la chica de siempre. Con mis amigas, mi familia y mi novio. Con una vida completamente normal.
-Sí, sí que me pasa… Por favor, tienes que confiar en mí.
-Claro, princesa. Vamos a otro sitio. –Nos cogimos de la mano y me llevó a un pequeño bar ambientado en los años 50. Nos sentamos en una mesa un poco apartada.
-Buenas tardes, ¿Qué querían tomar?-El camarero era joven, tendría entre 20 y 25 años. Tenía los ojos marrones grandes y el pelo rubio oscuro. Cuando se dio cuenta de que le estaba mirando me sonrió y bajé la mirada con timidez.
-Buenas tardes, dos coca-colas, por favor.
-En seguida.
-Bueno…¿Entonces quieres que te lo cuente?
-Claro.
-Vale, pero por favor, no me interrumpas…Es bastante largo.
-De acuerdo.
Empecé a contarle como había aparecido mi don, cómo todo lo que deseaba se hacía realidad, y como por mi culpa había aparecido Rubén, como estando él cerca no funcionaba mi don, el encuentro con Alistar, todo lo que me había contado y su traición…Mientras le iba contando todo esto, me iba dado cuenta de lo absurdo que parecía. Y todo esto en apenas una semana. La expresión de su rostro cambió de sorpresa a incredulidad y cuando le conté lo que me había pasado y por lo que estaba así, pasó ser de enfado.
Terminé de contárselo todo y bajé la mirada, esperando sin saber por qué, que me dejase, que se fuera del bar considerándome un bicho raro. La verdad, tendría razón.
Noté como algo me subía por el estómago y me entraban unas ganas enormes de llorar. No podía irse de mi lado… ¿Cómo había llegado a este punto de necesidad?
Tuvo que ver que estaba a punto de llorar, porque se levantó de su sitio sin decir nada, se sentó a mi lado y me abrazó con fuerza. Uf.
-¿Estás bien? ¿Por qué lloras?-Cogió una lágrima de la mejilla con su dedo y la limpió en su pantalón.
No me había dado cuenta de que había empezado a llorar.
-Por qué tú…Ahora que lo sabes…-No pude terminar.
-¿Ahora que lo sé, qué?
-Si te vas…
-¿Si me voy? Laura, no me importa eso. Rubia, morena, pelirroja, alta, baja, con o sin un don, te quiero igual. Ahora lo sé, y voy a estar aquí para ayudarte en lo que pueda.
Sonreí y le abracé. ¿Cómo podía ser tan perfecto? Nos separamos y le besé. Con ternura, con pasión, como tantas otras veces, pero sintiendo lo que nunca antes.
Dicen que es amor cuando sientes que algo dentro de ti cambia, cuando de pronto le miras con otros ojos. Cuando un día de lluvia te recuerda a él y uno en el que hace sol también. Cuando te acuestas pensando en su sonrisa y te despiertas pensando en sus ojos. Cuando intentas describir lo increíble que es pero te das cuenta de que no puedes, por que aún no han inventado palabras. Entonces sonríes tontamente, sin poder evitarlo. Cuando todo el mundo dice que tiene defectos pero te da igual, por que los amas tanto como a él. Sin duda, lo que sentía por Albero era eso. Y él sentía lo mismo, estaba segura. Siempre era mucho tiempo, pero Alberto y yo lo pasaríamos juntos.  
Tras bebernos las coca-colas y pagar la cuenta, salimos del bar. Caminamos de la mano hasta mi casa, donde nos despedimos hasta el día siguiente, ya que teníamos clase. Entré en mi casa justo cuando estaba poniendo la mesa mi hermano Me dirigió una mirada extraña, como avisándome sobre algo. No lo entendí y tampoco le di demasiada importancia, por lo que me dirigí a mi habitación para cambiarme cuando oí la voz de mi madre llamándome.
-Laura, ven al salón. Tenemos visita.
¿Visita? Llena de curiosidad fui y lo que vi me dejó boquiabierta. Era la última persona con la que esperaba encontrarme ahí, en el salón de mi casa.
Rubén.

(Así es el bar al que van Laura y Alberto).

martes, 10 de abril de 2012

¡gracias!:)

¡Hola!:)
El otro día estuve viendo los resultados de la encuesta, y me gustaría que la gente que le ha dado a “muy bien, aunque podría mejorar” y “buena, pero podría mejorar” me agregaran al tuenti si no me tienen, y me dejaran un privado con lo que creen que podría mejorar, por que si no avanzamos ni yo ni la historia, y lo que quiero es llegar a mejorar con el tiempo.
Muchas gracias a todos
¡Un beso muy fuerte!:)
PD: si no tenéis tuenti, dejármelo en un comentario, por favor :)

sábado, 7 de abril de 2012

CAPÍTULO 10:)

-¡Las diez menos cinco!- Había mirado el reloj esperando ver que serían nueve menos algo, pero no, eran las diez menos cinco y le había dejado en una nota a mi madre en la que ponía que estaría en casa a las nueve y algo como mucho.
-¿Qué pasa?- Alberto se incorporó de golpe y quitó la mano que tenía sobre mi cuello preocupado.
-Tendría que estar en casa desde hace un buen rato. –Mientras le contestaba me levanté corriendo y cogí mi bolso.
-Tranquila, estamos a diez minutos.
-Si…pero no quiero que se preocupe…
-De acuerdo, vamos. 
Salimos del parque medio corriendo,  al llegar a mi casa nos despedimos con un abrazo y un beso. Saqué las llaves del bolso y las metí en la cerradura con la mano temblando. Oí unos pasos que se acercaban. Al abrir me encontré  a mi madre con una mueca de enfado y los brazos cruzados.
-Lo siento…se me ha pasado la hora.
-¿Lo sientes? Laura, no es la primera vez. Hace tres días te fuiste por la mañana sin decirme a dónde y apareciste a las dos menos algo. Cuando llegaste te fuiste directamente a tu habitación sin darme ni una sola explicación. Tienes 16 años, puedes salir, pero quiero saber a dónde. Y sobretodo, que cumplas tus horarios. –No hubiera sido tan terrible si no lo hubiera dicho tan enfadada, lo peor es que sabía que tenía razón. Pero no había sido culpa mía, hace tres días fue por Alistar y cuando llegué por Alberto…
-¡Y ahora ni siquiera me estás escuchando! ¡Laura!
-Sí te estoy escuchando…
-Pues no lo parece…
-¡Pero lo estoy haciendo!-Contesté enfadada, no lo pude evitar.
-¡No me hables así!- Uff. No quería discutir con ella, pero mi comentario anterior había provocado el primer rayo de la tormenta.
-Me voy a dormir. Hasta mañana.
-Hasta mañana, y piensa bien en lo que “supuestamente” has escuchado.
No la respondí, mi giré y fui a mi habitación. Cerré la puerta, me puse el pijama y me acosté.
***
¿Dónde estaba? Llevaba un tiempo indefinido dando vueltas en el mismo lugar, aunque no sabía si podía considerarlo así. Para mí era tan solo una inmensa Nada. No podía ver nada, no había nada que ver. Solo una penetrante oscuridad que se adentraba en mi cuerpo cada vez más. De repente oí una voz. Su voz. La de Alistar llamándome. Grité su nombre varias veces, corriendo de un lado para otro, pero solo me respondía con mi nombre, una y otra vez, desde varias direcciones. Me senté en el suelo rendida y empecé a caer. Caía y caía. Y seguí así, cayendo en medio de la oscuridad durante ¿cuánto? ¿Dos o tres minutos? No lo sabía. Solo sé que fue durante mucho tiempo, y que pensé que nunca iba a parar. Cuando por fin mis pies se encontraron sobre el suelo, abrí los ojos. Enfrente de mí se extendía un camino. Sin saber a dónde iba y esperando que fuera hacia la salida, empecé a andar por él. Llegado un punto desapareció, y me encontré de nuevo en medio de la Nada. No podía aguantar estar ahí más tiempo o me volvería loca.
Solté un grito y di una patada al suelo. Todo se volvió blanco y a lo lejos, vi una sombra. Fui corriendo hacia ella. Cuando me quedaban apenas unos metros adquirió forma. La de Alistar, aunque una versión mucho más joven. Llegué a su lado e intenté tocarle, pero le atravesé. Sin embargo, estaba ahí, era tan corpóreo como yo.  Fijó la mirada en mí, o por los menos eso creí, por que al momento me di cuenta de que miraba un punto que se encontraba de tras de mí. Me giré y vi a Rubén con el aspecto que tenía cuando había sido un mago joven. Era casi igual al que tenía ahora, lo único que los diferenciaban a este y al actual eran los ojos. Seguían siendo grandes y verdes, pero transmitían algo completamente distinto.
Estos brillaban amables y tenían algo que te hacía confiar en él, aunque después de lo que pretendía hacerme y lo que había hecho con Alistar, algo tan simple como una mirada, por muy bonita o increíble que fuese (que sin duda lo era) no podía hacer que confiara en él.
Meanet venía muy sonriente, pero a medida que se iba acercando, su mirada se iba volviendo más negra. Me volví hacia Alistar, y vi como empezaba a acumular magia en las manos y al momento en sus brazos, que estaban cubiertos de un halo de luz brillante azul. Por el rabillo del ojo vi que Rubén hacía lo mismo,  pero su halo de luz era verde. Pensé que se atacarían entre ellos, pero en lugar de eso, tras mirarse y hacer un gesto, los dos se situaron enfrente de mí y me los lanzaron a la vez. Tardé en reaccionar y sabía que no podría apartarme, mis pies parecían pegados al suelo, por lo que cerré los ojos y deseé que no doliera demasiado. Cuando los dos “rayos” me alcanzaron pasó algo que nunca me habría imaginado.
Me desperté.
Me incorporé y miré confusa a mi alrededor, el sueño había sido tan real…Y el impacto todavía más, había sentido cómo me atravesaban  y el dolor provocado por él. De manera inconsciente me llevé la mano al estómago, que era el lugar donde me habían dado.  
-Laura…-Al oír la voz  pegué un brinco.  Era la voz de Alistar, y me llamaba igual que en mi sueño. Solo que esta vez estaba despierta y la voz sonaba en mi cabeza.
-Laura…-Me puse la almohada sobre los oídos, pero eso no me ayudó, su voz seguía sonando en cada rincón de mi cabeza. Decidida a ignorarla, cogí mi móvil y los cascos, me los puse y tras subir el volumen al máximo puse You´re gonna go Far, Kid, de The Offspring.  Estuve tumbada en la cama hasta que dejé de oír su voz. Me levanté y me puse un pantalón de chándal rosa con una camiseta blanca y una sudadera gris, a pesar de estar en mayo hacía bastante frío.  Bajé las escaleras y tras saludar a mis padres y a mi hermano, empecé a desayunar. Y de nuevo  apareció su voz en mi cabeza.
Me levanté de la mesa y llevé las cosas a la pila. Subí al baño y tras ducharme y secarme el pelo, me vestí, cogí las llaves, les dije a mis padres que me iba a dar un paseo y salí a la calle.
Tenía que ver a Alistar y contarle mi sueño, tenía la sensación de que  había sido algo más que eso.
Cuando llegué y fui a abrir la puerta, oí a Alistar hablando con alguien. No pude identificar su voz por lo que la abrí un poco y asomé la cabeza sin hacer ruido.
¿¡Rubén!? ¿Qué hacía hablando con él?
-Ya lo sabes, Meanet. Si quieres conseguir el cofre, tienes que apartarte de mi camino. Laura no puede sospechar nada.
-¿De verdad la consideras capaz de descubrirme? Solo es una niña.
-Sí, es solo una niña, pero no la subestimes. Eso dijimos de su abuelo y mira. Es un mago muy poderoso, los dos lo sabemos. Y cuando tenía la edad de Laura apenas sabía hacer un simple hechizo. Y ella si sabe.  
¿Mi abuelo? ¿Mago? No, no podía ser. Fernando no era y Adolfo murió cuando yo era una niña, tendría nueve o diez años. ¿Descubrir? ¿El qué? ¿Y qué es ese cofre? ¿Qué pasa conmigo? ¿Y con mi abuelo? ¿Alistar entonces, es amigo de Rubén? No puede ser…Si es su amigo, está claro, que me ha mentido. ¿Por qué? ¿Para qué? Él quitó el hechizo que me unía a Rubén…Él me ayudó…No me lo podía creer
-Pero Adolfo fue ayudado por…ya sabes. Y Laura no.
-Ella no necesita ayuda.
¿Quién ayudó a mi abuelo? ¿Y para qué? ¿Qué estaba pasando?
-Y Meanet, es la única que nos puede conducir hasta el cofre y lo sabes. –Al oír esta última frase de Alistar salí corriendo, no quería escuchar ni una palabra más. Por mucho que intentaba que no fuera así, la palabra “utilizada” no dejaba de dar vueltas por mi mente. Me fui a un parque y me senté en la hierba con la cabeza echa un lío entre las piernas. No podía creer lo que había escuchado. Entonces… ¿Mi sueño podía ser real? ¿Alistar me estaba utilizando para conseguir ese cofre y nada más? ¿Todo este tiempo me ha estado mintiendo? ¿Es que no podía confiar en nadie?