viernes, 1 de febrero de 2013

Capítulo 19 :D


Miro por la ventana de la librería una última vez y suspiro. Va a ser mucho más difícil de lo que esperaba alejarme de todo. De mi familia, de mis amigos, de él…Alberto. Me ha pedido mil veces que le dejara acompañarme pero le he dicho que no a todas. No es que no quiera, todo lo contrario. Lo que no quiero es que vuelva a estar en peligro por mi culpa. No podré soportarlo. A pesar de que le voy a echar muchísimo de menos y de cada segundo teniéndole tan lejos vaya a dolerme como si faltara una parte de mí, sé cuál es mi deber. Y es alejarme de todo lo que quiero para protegerlo.
-Laura… ¿Estás bien? –La voz de Alistar me llega cargada de culpabilidad. Sé que se siente mal por mí, es lógico, pero nunca me ha gustado dar pena y nunca me gustará, por lo que me pongo derecha y asiento sonriendo. No voy a derrumbarme. Debo estar lista para luchar, para ganar y volver aquí. 
Viene hacia mí y me abraza con fuerza. Huele de una forma muy especial, imagino que será por algún perfume de Plutón, porque no es el típico olor que puedes encontrar en una tienda de perfumes, y tampoco me imagino a Alistar buscando colonias por tiendas raras.
Se separa y me sonríe dándome ánimos y le respondo con otro sonrisa. “Todo va a ir bien” me digo varias veces. “Sí, todo va a ir bien.” No me permito pensar que algo en nuestro plan podría fallar. No. Alistar y el resto de magos son fuertes. Yo soy fuerte. Somos muchos contra solo uno y vamos a conseguir lo que pretendemos. 
-¿Preparada? –Sin mirar atrás asiento y los dos nos acercamos a la puerta que nos llevara a un mundo extraño, al menos para mí. 
-Cierra los ojos. En un momento estaremos ahí. –Sonrío de manera inconsciente al oír su frase. Eso mismo le dije yo a Alberto hace unos días. Pensar en él me dado nuevas fuerzas para seguir adelante. Quiero volver a pasar momentos así a su lado, quiero pasar todo el tiempo que pueda con él y para eso, tengo que volver pronto y sana y salva. No puedo perder ni un instante. 
-Pues, adelante. –Con los ojos cerrados doy un paso al frente y noto dos segundos el vacío bajo mis pies. Al tercer segundo estoy otra vez sobre tierra. Abro los ojos y miro a mi alrededor. Todo es…increíble. No hay edificios, todo lo que puedo ver son como una especie de chalets de colores. Son enormes y tienen tres o cuatro puertas en la fachada principal, cada una de un tamaño y un color, con una inscripción en cada uno. Me fijo en las del chalet que tengo delante. “Lodit”, “Asoira”, “Fisat” y “edeb”. Éste último se repite en todos los chalets que veo.
-¿Qué significa eso? – Alistar se sorprende al oír mi pregunta y sigue mi mirada. 
-Ah, eso son los nombres de las personas que viven en cada casa. Cada puerta lleva al dormitorio o como se llama aquí, derit, de quienes habitan la casa. Dentro de ellas hay otra puerta que lleva a las salas principales, como el salón, el comedor, la cocina… -No puedo ocultar mi asombro. Ese sistema es tan distinto al nuestro…Además, no veo ninguna cerradura ni nada parecido, solo un pequeño pomo, por lo que por lo menos, la entrada principal debe abrirse con un hechizo. “Al menos no tienen el problema de perder las llaves.”
-¿Y el edeb?
-Esa es la entrada principal, la que usan los invitados. 
-Entiendo…-Alistar se ríe al ver mi expresión.
-Aquí las cosas son bastante diferentes, pero no te preocupes, he encargado que hicieran una casa para ti igual que las de la Tierra. Así todo será más fácil. 
-Muchas gracias. 
Alistar da un paso y mira a los lados. Parece que está buscando a alguien. Debe ver a quién esperaba, porque sonríe y camina hacia la derecha. Le sigo y veo a una chica joven, de unos veinte años. Es muy guapa. Tiene unos ojos de un color violeta y el pelo castaño rojizo, por los hombros y ondulado. Es alta, seguramente me sacara un poco más de una cabeza. Sonríe a Alistar con cariño y cuando están uno enfrente del otro se dan un tierno abrazo. Cuando se separan siguen sonriendo. No hay ninguna duda de que se tienen mucho cariño. 
-Alodia, esta es Laura. Es de quién te hable. -Al escuchar el nombre sé quién es. Alistar la nombró la tarde que nos enfadamos. Pero hay algo que no entiendo. Esta chica es muy joven, demasiado para Alistar. ¿No me dijo que se conocían desde hacía 100 años? Deben tener más o menos la misma edad y sin embargo…Ella no aparenta tener más de treinta y pocos años.  
-Encantada, Laura. –Ahora su amable sonrisa va dirigida a mí. 
-Igualmente. –Se gira de nuevo hacia Alistar y le mira varias veces con sorpresa. 
-Pero, Alistar, ¿Qué haces así?-Éste parpadea sorprendido y se mira. 
-¡Uy! Se me olvidaba que ya puedo mostrar mi verdadero aspecto. –¿¿Cómo que su verdadero aspecto?? Antes de que pueda preguntar algo, se separa de nosotras y tras unos segundos de concentración su cuerpo empieza a cambiar. Se vuelve un poco más alto y delgado, se le quita la barba y el pelo se le vuelve más corto y castaño. Lo único que sigue igual son sus ojos azules, porque hasta su sonrisa es diferente. Le miro con la boca abierta. ¡Ha rejuvenecido treinta años en un instante!
-Perdona, Laura. Al igual que Meanet cambio su aspecto para aparentar ser un profesor de veinte años yo lo hice para ser más mayor. No tenía por qué mostrar como soy realmente. 
- Hablando de Meanet…Tenemos novedades. –Al escuchar lo que Alodia le dice, Alistar se pone serio y me mira.
-Laura, vamos a tu casa. –Asiento sin preguntar siquiera, ya tendré tiempo de enterarme. 
Empezamos a andar y llegamos a una casa que sobresale entre las demás. Tiene tres pisos, es de color morado con las ventanas blancas y tiene solo una puerta.. Estoy sorprendida. No sólo se han tomado las molestias de construirme una casa, sino que además es realmente bonita. 
-Aquí es. Para que sea más segura solo podemos entrar nosotros tres y una cuarta persona que ya conocerás. Por ahora te dejamos sola, para entrar tienes que desearlo y ya, nosotros nos tenemos que ir. Dentro de poco volveremos a ver qué tal estás, mientras instálate en la casa. Hay tres dormitorios, elige el que quieras.
Sin darme un segundo para despedirme los dos desaparecen y me dejan sola. Me encantaría poder dar una vuelta, pero tendré que esperar a estar acompañada por alguien. Entro a la casa y me tumbo en la primera cama que encuentro. No tengo ganas ni ánimo para mirar las demás habitaciones. 

lunes, 28 de enero de 2013

¡Por fin estoy aquí!

¡Hola a todos! Después de tres meses (soy lo peor, sí, lo sé) vuelvo a la carga, y con (creo) buenas noticias. 
Como no sé si lo avisé en su momento, vuelvo a decirlo. 
Mi historia va a tener tres partes. La primera es todo lo que está subido, del capítulo 1 al 18. La segunda parte, la que empezaré a subir esta noche, es la segunda parte, que contará todo el viaje de Laura. 
Ahora mismo solo está subido la introducción, espero que os guste, y por favor, perdonar que sea tan desastre, pero últimamente no he tenido ni tiempo, ni imaginación, ni me he sentido tan bien como para escribir. Lo siento mucho de verdad. A partir de hoy, prometo que intentaré-conseguiré ser más constante a la hora de subir capítulos.

Introducción de la segunda parte :)

Estoy encerrada en mi habitación, oyendo cómo pasa el tiempo. “Tic tac. Tic tac. Tic tac”. 
Me quedan pocas horas para partir rumbo a mi nueva vida y sé que debería, pero no estoy preparada. 
Quiero quedarme aquí. Quiero ser feliz, quiero vivir mi vida normal, como cualquier otra adolescente en el mundo. Quiero estar con Alberto todos los días. Quiero reírme con mis amigas, irme de fiesta y volver tarde, quiero estar con mi familia…Quiero ver cómo crecen mis primos pequeños, quiero ver cómo crezco yo. Quiero ir a la universidad, hacer feliz a la gente que me rodea. Tener una vida normal, como cualquier otro adolescente. ¿Acaso pido tanto? Sé que no es así. 
Miro el reloj y veo que son las cinco. Me levanto como puedo de la cama y me empiezo a vestir. Corro escaleras abajo y les digo adiós a mis padres y a mi hermano. Hasta voy a echar de menos nuestras estúpidas discusiones. Les digo que les quiero y les doy un abrazo, todos me miran con sorpresa y yo, aguantándome las lágrimas, les sonrío y voy hacia la entrada y salgo. No me permito mirar atrás, solo andar, andar y andar. Sé que si me doy la vuelta, me costará muchísimo no darme la vuelta. Y no puedo permitirme dudar.
Justo antes de ir a la librería de Alistar, giro y voy hacia casa de Alberto. Él se piensa que viene conmigo, todavía no he sido capaz de decirle que él se queda aquí, pero ya no puedo atrasarlo más. Me quedan 3 horas y 45 minutos para irme. La puerta de entrada está abierta por lo que entro y subo en el ascensor hasta su puerta. Llamo al timbre una vez y espero a que me abra. 

-Hola, cariño. Ya estoy listo. -Le miro y suspiro. Cómo le voy a echar de menos. 

-Lo siento, Alberto…Tú no vienes. Tienes que quedarte aquí.
-¿Qué? ¿Por qué no?
-¿No te das cuenta? Es demasiado peligroso.  No olvides que me voy para protegerte a ti también.
-¿Y no es más seguro que esté a tu lado?
-Puede que para mí sí, pero no para ti.
-¿Qué te crees, que solo pueden hacerme daño si me cogen? Laura, si te atrapa…Eso si me lo hará de verdad. Y más aún si no contaste conmigo para protegerte. –Pude notar la histeria en su voz. Sin duda, quería venir. Pero no pensaba dejarle.
-Alberto, lo digo en serio. Yo me voy y te prometo, te juro, que volveré, pero tú te tienes que quedar aquí. No te voy a poner en peligro por el simple hecho de que quiera estar contigo, ¿vale? Te quiero, y por eso debes estar aquí. –Una lágrima le cae por la mejilla y antes de que caiga una segunda le beso.
Fue un beso triste, dulce, corto, con sabor a despedida. Intenté separarme a los pocos segundos, pero él me volvió a besar, esta vez con fuerza.
-No pretenderás que te deje marchar sin darte al menos un último beso, ¿no? –Se me escapa una sonrisa triste al escucharle decir eso. Con toda la seguridad que puedo, le contesto casi sin pensar lo que digo.
-No es el último, Alberto. Te prometo que éste es solo uno más. Te prometo que por mucha distancia que haya entre nosotros…nunca dejaré que mi corazón se aleje de ti.
-¿Aunque vayas a estar ahí muchísimo tiempo, tal vez…cinco años?

-A pesar de todo lo que pueda interponerse entre nosotros. –Sé que va a seguirme. Lo sé porque si fuera al revés, yo lo haría, no le dejaría solo. Me doy la vuelta y sin ocultar más las lágrimas, deseo que acepte mi decisión, que no me siga. Es lo mejor que puedo hacer. 

lunes, 22 de octubre de 2012

CAPÍTULO 18:) (Segunda parte)


-Hola. –Su voz sonaba triste y sentí como se me partía el corazón.
-Hola. ¿Cómo estás? –Esperaba que me dijera que bien, aunque sabía que no iba a ser así.
-Pues…bueno. ¿Y tú?
-Alberto, yo…No sabes como me duele verte así.
-Si, sí que lo sé. Pero no puedo evitarlo. ..¿Has visto mi mensaje?
-Lo vi enseguida. Yo tampoco pude dormir casi. –En cuanto terminé de hablar  me arrepentí de haber dicho eso. Si sabía que estaba mal, se pondría peor.
-Deberías descansar…
-Y tú también. ¿Dormiste algo?
-No demasiado….Cuatro horas, a lo mejor. Bueno, eso no importa. ¿Puedes venir a mi casa? Iría a buscarte yo.
-Sí, nos vemos a las seis.
-De acuerdo.
Se produjo un incómodo silencio. Oí como Alberto suspiraba y me sentí de nuevo la peor persona del mundo por hacer que pasara por todo esto. Pero no sabía que decirle y mucho menos que hacer para evitarlo. Al final, después de los que me parecieron los minutos más largos de mi vida, habló él.
-Bueno, Laura…me tengo que ir. Luego nos vemos. Te quiero.
-Vale, adiós. Te quiero muchísimo.
-Lo sé.
-Alberto, yo…Lo siento.
-Yo también… Adiós, te quiero. –Colgué y empecé a llorar casi sin darme cuenta. Me senté en el suelo de mi habitación y lloré, lloré y lloré. Cuando por fin pude parar me levanté y di varias vueltas por la casa.
La cocina, el baño, el comedor, todas las habitaciones me traían tantos recuerdos…Hasta iba a echar de menos mi casa. Sabía que en algún momento la tendría que dejar atrás, pero nunca me pude imaginar que serían tan pronto, y menos aún por esto.
Oí la puerta de la calle abriéndose y corrí al baño.
-¿Laura?
-Estoy en el baño, mamá, ahora salgo.       
Me lavé la cara y después de comprobar que no parecía que hubiera estado llorando, salí y fui a saludarles.
-¡Hola! ¿Qué tal?
-¿Bien y tú?- La voz de mi madre me llegó desde la cocina, por lo que fui ahí.
-Bien, me he despertado hace poco.
A pesar de que me esforcé por disimular, mi madre me miró y supe enseguida que me había descubierto. Bajé la cabeza y fui al salón. Me senté en un sofá y empecé a “leer” un libro que había encima de la mesa. Solo cuando llevaba cuatro hojas, conseguí centrarme lo suficiente en la lectura como para ser consciente de qué estaba leyendo. Miré la portada y vi que no me equivocaba. “Harry Potter y la Cámara Secreta.”
Mi hermano vino y se sentó a mi lado.
-Hola. –Ni siquiera le miré más de cinco segundos. Comprobé que era él y seguí con mi libro.
-Qué hay.
-Nada.
-Bien.
Así de expresivos y divertidos somos yo y Jorge. Bueno, no siempre, otras veces somos lo más divertido que te puedes encontrar, pero esta vez…No estaba de humor, y al parecer él tampoco.
Encendió la tele y puso una película, aunque casi ni había empezado cuando lo apagó y se levantó. Le seguí con la mirada preguntándome que qué le pasaría. Me levanté y fui tras él. Cuando llegamos a su habitación y se sentó en la mesa, se dignó por fin a hacerme caso.
-¿Porqué me sigues?
-¿Qué te pasa?
-Nada importante.
-Puedes contármelo.
-No, no merece la pena.
-De acuerdo…-Salí de su habitación sabiendo perfectamente que algo le pasaba, aunque no quería contármelo. No le iba a obligar, después de todo yo había sido igual.
Llegó la hora de la comida y comimos en silencio los cuatro. Después Jorge y yo vimos una serie a la que ninguno hizo demasiado caso y empecé a arreglarme a las cinco y media.
 A las seis en punto, Alberto llamó al telefonillo y tras despedirme de mis padres y de Jorge, me fui con Alberto. Como saludo nos dimos un beso y de la mano, empezamos a andar hacia su casa. Ninguno decía nada, y a pesar de que el silencio no era incómodo, me moría de ganas de que lo rompiera, pero hasta que no llegamos a su casa no habló.
-¿Quieres que subamos o prefieres que nos quedemos por aquí?
-Prefiero subir.
-Yo también. –Cogió las llaves y abrió la puerta de su casa. Nada más entrar me di cuenta de que era la primera vez que subía su casa. Cuando era pequeña si había estado, pero desde entonces había cambiado mucho. Después de enseñarme el resto de la casa, fuimos a su habitación. Se sentó en la silla y yo en su cama.
-¿Cuándo te vas a ir? –Estaba claro que no pensaba andarse por las ramas.
-Pues…No lo sé, lo antes posible…-Ya sé que era difícil no hablar de eso, pero si me quedaban dos o tres días a su lado, quería aprovecharlos lo mejor posible.
-Entiendo…-¿Entiendo? ¿No tenía otra cosa que decir?
-La verdad es que no lo sé. Cuánto tiempo me quede aquí más fácil será despedirme luego.
-Si tienes razón. Se levantó se la silla y se sentó a mi lado. Me acerqué a él y puse mi cabeza en su hombro. Noté como su cuerpo se estremecía.
-Te voy a echar muchísimo de menos. –Lo dije casi sin pensar.
-No.- Tardé unos instantes en reaccionar.
-¿Cómo que no?
-Pues eso, que no. No vas a poder echarme de menos. –Cada vez le entendía menos. ¿Cómo que no iba a poder? ¿A qué se refería?
-¿Cómo que no voy a poder?
-Sí, no vas a poder. Lo he pensado mucho. Quizás sea una locura. Pero sé que es una locura sin que la que no podría ser feliz.
-No te entiendo.
-Laura, es muy sencillo. No pienso dejar que te enfrentes tú sola a todo esto. Voy contigo, quieras o no. Aunque no tenga ningún don, te protegeré de todas las maneras posibles. Eres mi novia y te quiero más que a cualquier otra persona en el mundo, no pienso separarme de ti por esto. ¿Qué vas a Plutón, Marte o a dónde sea? De acuerdo, pero conmigo.

domingo, 21 de octubre de 2012

CAPÍTULO 18 :D (Pirmera parte)


Me desperté en medio de la oscuridad y miré a mi alrededor desorientada. Estaba en mi habitación, tumbada en la cama, pero por mucho que pensaba no recordaba como había llegado hasta ahí. Miré el despertador y vi que eran las cuatro y cuarto de la madrugada. Poco a poco iba recordando que había pasado y deseaba no haberlo hecho. Antes de volver a echarme a llorar, me levanté y vi que todavía estaba vestida.  Nada más llegar a casa debí irme a mi habitación y dormirme. Tenía hasta los zapatos puestos. Sin hacer ruido fui al baño, me lavé la cara y me recogí el pelo como pude. . Fui hasta mi habitación y me senté en la silla del escritorio. Cogí mi móvil y vi que tenía un mensaje de Alberto de hacía media hora. ¿Porqué estaba despierto? Lo abrí nerviosa.
“Hola, cariño. Supongo que estarás durmiendo,  pero yo no podía. No dejo de pensar que tarde o temprano tendré que decirte adiós. Y eso me está destrozando. Quiero que mañana hablemos,  te espero a las seis en mi casa. Te amo.”
Lo leí varias veces antes de responder. Iba a darle a enviar cuando me di cuenta de la hora. Aunque antes estaba despierto a lo mejor había conseguido dormirse y no quería despertarle. Guardé el mensaje en borrador, me levanté y me fui a la cama, sintiéndome la peor persona del mundo por hacer que se sintiera así. Me tumbé en la cama y cerré los ojos. Me puse en una postura, en otra, di varias vueltas, pero no conseguía dormirme. No dejaba de pensar en Alberto y en todas las demás personas que dejaría atrás.
Así iba a ser imposible dormirme….Me levanté y fui a la cocina sin hacer ruido. Me serví un vaso de agua que bebí a sorbitos y miré el reloj.  Las cinco menos cuarto. ¿Qué podía hacer despierta a esa hora?
Volví a mi habitación y cogí el móvil con los cascos. Me tumbé en la cama, puse música y cerré los ojos. A los cinco minutos me quité los cascos y suspiré. Al parecer lo de dormir iba a ser más un imposible que otra cosa. Dejé el móvil en la mesa y me volví a tumbar. Al poco tiempo oí como la puerta de mi habitación se abría. Cerré los ojos con fuerza como reflejo y me hice la dormida. Noté como alguien se sentaba en mi cama y me llamaba. Abrí los ojos y vi a Jorge.
-¿Qué haces aquí?
-Llevo un rato escuchándote y no me puedo dormir ya. Ya que me has despertado podrías decirme que te pasa, ¿no crees?
-Lo siento…-Me incorporé y me senté a su lado.
-No pasa nada, pero dime, ¿qué te pasa? –Le miré sin saber que decir. No sabía si podía saber algo, aunque claro, antes o después se terminaría enterando y necesitaba desahogarme. Pero, ¿qué podía contarle? ¿Que los magos existían y yo podía ser uno de ellos? Y no solo eso, también que me iba a Plutón para vencer a un poderoso y malvado mago al que ya se habían enfrentados otros magos, entre ellos nuestro abuelo. Si le decía todo eso podían ocurrir dos cosas. Una, que creyera que me lo estoy inventando todo y me considerara una loca y otra que con mucha suerte confiara en mí y me supiera decir que era lo mejor. Aunque conociendo a mi hermano, lo más posible es que no se lo creyera hasta que no se lo demostrara y no me apetecía demasiado y menos aún a esas horas.
-No me pasa nada, tranquilo. Vete a la cama. –Me miró con cara de incredulidad pero no quiso insistir más, se levantó y se fue. Después de todo era mi hermano y me conocía, sabía que si no se lo había contado ya, no se lo iba a contar por mucho que insistiese.
Miré de nuevo el reloj. Las seis menos cuarto. Me tumbé en la cama y cerré los ojos. Aunque no me fuera a dormir, no tenía nada mejor que hacer a esa hora que volver a intentarlo. Sorprendentemente, lo conseguí. Me desperté a las once y diez, por la luz que entraba en mi habitación. Me incorporé y vi que la almohada estaba mojada. Debía de haber estado llorando en sueños. Genial. Me levanté y me froté los ojos varias veces. Me escocían bastante. No quise ni mirarme al espejo, me daba miedo la pinta que pudiera tener. Baje a la cocina arrastrando los pies.  Pegada en la nota había una nota que ponía que mis padres y mi hermano habían salido y volverían a la hora de comer. Genial, toda la mañana sola. Me preparé la leche con cola-cao y cogí un croissant de chocolate. Me senté en la mesa para empezar a desayunar pero fui incapaz de comer algo. Mi estómago parecía haberse cerrado. Dejé cada cosa en su sitio y subí a mi habitación. Cogí el móvil y vi que tenía una llamada perdida de Alberto. Le llamé y en seguida me lo cogió.

lunes, 17 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 17:) (parte 2)


Cogí el móvil para llamarle, pero antes de que sonara una vez el pitido, colgué. No quería hablar con él así, necesitaba hacerlo en persona. Fui hasta su casa y llamé al telefonillo. Mientras esperaba a que contestaran, miré al cielo y comprobé con sorpresa que ya era noche cerrada. Contemplé la Luna y pensé si en Plutón la podría ver. Hasta eso iba a echar de menos, mirar la Luna por la noche. Siempre me habría transmitido paz. Incluso ahora, conseguía tranquilizarme. La voz de Alberto me devolvió a la realidad.
-¿Quién es?
-¿Alberto? Soy yo, Laura. Por favor ¿puedes bajar un momento? Necesito hablar contigo…-
-Ahora mismo estoy ahí. –Debió de notar algo raro en mi voz, porqué no había pasado ni un minuto y ya estaba en la puerta. Salió del portal y fui directa a abrazarle.
-¿Qué te pasa?-Me envolvió con sus brazos y apoyé la cabeza en su hombro. Por un instante, olvidé todo, y no pude pensar en nada que no fuera él. Me sentía tan bien, tan protegida…Pero en cuando nos separamos y me miró a los ojos, fui perfectamente consciente de que mientras yo estuviera aquí, él más que nadie estaría en peligro., Meanet ya había intentado atacarle una vez.
-Alberto, yo…Yo…
-Espera, vamos a otro sitio. –Me cogió la mano y me llevó a un pequeño parque.  Estaba en una zona en la que no había mucha luz, y la luz de la Luna nos alumbraba débilmente. Nos sentamos en un banco y me puso un brazo sobre los hombros.
-¿Qué te pasa, Laura?-Antes de contestar, pensé en cómo iba a explicárselo, en como iba a decirle que me iba y que quizás hasta dentro de bastante tiempo no volveríamos a vernos. Las lágrimas amenazaron con salir otra vez, pero esta vez me aguanté las ganas de llorar, suspiré y empecé a hablar.
-Verás, Alberto… ¿Tú sabes que Meanet va a por mí no? –Asintió con la cabeza y me animó a continuar.
-Pues…he hablado con Alistar y me ha dicho que…
-¿Qué te ha dicho?
-Que debo irme de aquí. –Me miró confuso y me apresuré a explicarme. –Me voy a Plutón para poder derrotar a Meanet junto con Alistar y otros magos. –Por fin lo había soltado. Debería haberme sentido aliviada pero en lugar de eso,  me di cuenta de que realmente iba a alejarme de él,  por no sé cuánto tiempo y noté que algo me oprimía el pecho cada vez más fuerte. Su brazo se tensó y vi como se levantaba sin darme tiempo a evitarlo. Me levanté al segundo y me puse a su lado.
-¿Porqué? ¿Por qué tienes que irte? Tu sitio está aquí, junto a mí y a tu familia. –Tenía razón y lo sabía, pero no podía abandonar a Alistar así, después de todo.
-Lo sé, pero tienes que entenderlo. Dio un paso y apretó los puños con furia.
-¡No, no lo entiendo! Lo siento…Pero no lo entiendo. ¿Y cuándo vas a volver?-Se me hizo un nudo en la garganta.
-No…No lo sé. Puedo tardar una semana o incluso un año…-No quise decirle que a lo mejor ni volvía. Alistar no me lo había dicho, pero sabía que existía esa posibilidad.
-Un año…-Me acerqué a él y le puse una mano en el hombro. Seguía sin mirarme.
-Alberto… Yo… Lo siento muchísimo. No quiero irme, desearía quedarme aquí contigo, pero sé que no puedo…Si no, os hará daño a todos…Y no pienso permitirlo. -Me cogió la mano y se giró.
 Le miré una vez más. Así, con el pelo revuelto, los ojos brillantes por la emoción y la luz de la Luna, estaba más guapo que nunca. Me acerqué y sin darle tiempo a rechazarme le besé. Sabía que aquello estaba mal, que en apenas unas horas me iría de su lado y ni siquiera sabía si iba a volver. ¿Cómo podía estar pasándonos esto? Nos separamos y me giré para limpiarme las lágrimas. No quería que lo pasara aún peor por mi culpa y si me veía llorando, las cosas no mejorarían.
-No te vayas... Si te quedas aquí te ayudaré a luchar contra él, juntos lo venceremos.- Mis ojos se clavaron en los suyos y rojos e hinchados por las lágrimas, hicieron que el nudo de mi garganta se hiciera aún mayor y no pudiera hablar. Cuando lo conseguí, las palabras salieron en un susurro & no me expliqué como pudo oírlo, pero sin duda lo hizo, porque me contesto, esta vez sin ocultar las lágrimas.
-No me queda más opción, lo sabes...
-¿Y qué pasa conmigo?- ¿Qué pasa con él? Pues que iba a seguir queriéndole igual. Aunque estuviera a miles de millones de kilómetros, le iba a querer igual. No podía ser de otra manera.
-Siempre te voy a querer. Siempre. Estando a diez, veinte, mil kilómetros. ¿No lo entiendes?
-Sí, pero aun así sigo sin querer que te vayas. Te necesito aquí, no lejos de mi lado. -Las lágrimas le empezaron a caer una tras otra, no podía evitarlo. Me abrazó y aspiré su aroma una vez más. Cerré los ojos y apoyé la cabeza en su hombro, como otras tantas veces.
-Te quiero.
-Y yo.
-Siempre, ¿de acuerdo?
-No lo dudes.  

CAPÍULO 17:) (PARTE 1)


 Nos terminamos los sándwiches y nos sentamos en el césped.  El sol empezaba a ocultarse entre las montañas que teníamos delante,  por lo que calculé que debían ser las ocho y algo. Miré el reloj y como había pensado, eran las ocho. En ese momento caí en que me había ido esta mañana y le había dicho a mi madre que llegaría en poco tiempo. Cogí el móvil temiéndome lo peor. Diez llamadas perdidas, todas del mismo número, mi madre. Bueno, no, todas no. Había una de Ismael de las siete y media. ¿Qué querría? Me dio igual, ahora lo importante era mi madre y la bronca que me echaría al llegar a casa. Por no hablar de lo preocupados que estarían todos. Marqué su número y esperé mordiéndome las uñas a que lo cogiera. En cuando lo hizo, me apresuré a disculparme.
-Hola, mamá. Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento. Perdona, he pasado todo el día con Alberto. No me he dado cuenta de la hora, debería haberte llamado.
-Hola, no pasa nada. No te preocupes. A mediodía llamó la madre de Alberto y dijo que ibas a pasar el día con él. –No supe que contestar. ¿En serio había llamado Luisa? Bueno, me había ahorrado muchos problemas. Sentí una inmensa gratitud hacia ella.
-¿Te parece bien si voy a las nueve? –Crucé los dedos para que me dejara. No quería que este día con él acabara nunca.
-Vale, pero no más tarde. A las nueve y media vienen los tíos a cenar.
-Bueno, a las nueve estoy ahí. Adiós.
-Adiós.
Cuando al colgué no pude evitar soltar un suspiro de alivio.
-Era mi madre. Creía que me iba a echar una bronca increíble por llegar tan tarde y sin avisar, pero al parecer tu madre ha llamado para decirle que estaba pasando el día contigo.
Albero me miró sorprendido.
-¿Mi madre ha dicho eso? Si ni siquiera sabe que estoy contigo. Le he  dicho solo que pasaría el día fuera.
-¿De verdad?- No tenía sentido. Entonces, ¿cómo le había dicho eso a mi madre?-¿Estás seguro?
-Claro. Te aseguro que sé lo que digo.
-Pues no sé, pero vamos, que da igual.  No me ha castigado y punto. Eso es lo importante,
-La verdad es que sí. ¿Vamos a dar una vuelta? Estamos bastante lejos de tu casa y si tienes que estar ahí a las nueve, lo mejor es que nos vayamos ya.
-Lo que tú digas, aunque la verdad es que no me apetece nada moverme. Quiero quedarme contigo.
-Y yo contigo,  pero si llegas tarde no habrá nadie para salvarte de la condena que te impondrá tu madre, y no me gustaría tener que secuestrarte para verte si te castigan.
Nos reímos los dos y nos levantamos. Llevábamos poco andando cuando vimos una parada de autobús. Decidimos ir así hasta mi casa, llegaríamos antes y no tendríamos que darnos todo el paseo. A los cinco minutos pasó el que teníamos que coger. Nos montamos atrás y me cogió la mano. Al momento empecé a sentirme mareada. Oía la voz de Alistar en mi cabeza, cada vez más alto, llamándome. Una y otra vez.
-¿Laura? –Alberto me cogió la mano pero al momento pasó algo increíble, inexplicable. Mi mano pasó a través de la suya. Todo mi cuerpo se estaba volviendo transparente y la voz de Alistar no dejaba de llamarme. Mi cabeza daba vueltas. Todo mi cuerpo parecía estar dando vueltas. Cerré los ojos y apoyé la cabeza en mis manos, deseando que todo esto parase. Cuando los volví a abrir, el dolor había cesado, pero ya no me encontraba en el mismo lugar que antes. Miré a mi alrededor asustada, a pesar de conocer ese sitio, no entendía porque había aparecido ahí de pronto. Había pasado de estar en un autobús con Alberto a estar en la papelería de Alistar en un instante. ¿Y porqué estaba ahí? Estaba claro que Alistar era quién me había llevado ahí mediante un hechizo. Pero, ¿dónde estaba él? Me puse de pie y fui a la entrada a ver si estaba ahí. Y en efecto, ahí estaba, inclinado en una mesa en la que se encontraban unos papeles.
-¿Alistar?–Se giró, hizo una mueca extraña, como de enfado, tristeza y sorpresa a la vez.
-Te he llamado porque tengo que hablar contigo. Cuando Meanet se presentó aquí, me di cuenta de algo.
-¿De qué? ¿Y no tenías otra manera de hacerme venir hasta aquí, una que no fuera raptándome? ¿Y si me ha visto la gente del autobús?
-No, es urgente. Y no te ha visto nadie, porque para el resto del mundo, sigues en el autobús. –Le miré boquiabierta.
-¿Cómo es eso? –Me dirigió una mirada que claramente significaba “Mira que eres ingenua.”
-Es muy fácil. Un simple hechizo de copia. En el autobús, al lado de Alberto hay una copia perfecta de ti. Nadie se dará cuenta de que no eres tú.
-¿Y no hubiera sido más fácil decirme que viniera?  Así no te hubieras tenido que complicar tanto.
-No estaba seguro de que fuera a venir y es muy importante. Cuánto antes lo sepas mejor. –Terminó la frase y se dio la vuelta.
-¿Muy importante? ¿Qué pasa, Alistar? –Me miró y tras suspirar, me contestó con voz débil.
-Me he dado cuenta de que mientras estemos aquí, mientras tú estés aquí, no nos dejará en paz. Y me temo que a tu novio, Alberto, creo, tampoco. –Le miré sorprendida. ¿Mientras estuviera aquí? ¿Y dónde iba a estar si no?
-¿Qué quieres decir?-Se dio la vuelta y buscó una silla, que me ofreció para que me sentara. Le hice un gesto para que se sentara él y tras sentarse y soltar un suspiro, empezó a hablar.
-Pues quiero decir que aquí no puedes estar mucho más tiempo. Meanet no va a dudar en ir a por ti y a por tu familia, a por tus amigos incluso. No puedes estar aquí mucho más tiempo.
-Pero, ¿y dónde voy a estar si no?
-Conmigo en mi planeta. Es lo más seguro. Además, te necesitamos para derrotar a Meanet. –Noté como palidecía, mi cabeza daba vueltas y necesitaba sentarme. Alistar pareció darse cuenta, ya que se levantó y me dio la silla. La cogí con la mano temblando y me senté.
-¿Cuándo? –No quería mirarle a los ojos. Bajé la cabeza y fijé la mirada en mis zapatos.
-Lo antes posible. Mañana, en una semana como mucho. Debemos conducirle a nuestro planeta lo antes posible, para poder vencerle definitivamente. Y para eso, como antes he dicho, necesitamos tu ayuda.
-Pe…Pero, ¿cómo voy a irme? Aquí tengo a toda mi familia, a todos mis amigos, toda mi vida ha sido aquí. No puedo irme así porque sí…
-No te voy a obligar, Laura. No tengo el más mínimo derecho a hacerlo. Pero piensa que si no lo haces, Meanet podrá hacer daño a todas las personas que tú quieres. A todas. Si te vas, no las verás en un tiempo, pero cuando vuelvas, todos tus problemas habrán desaparecido. -¿Qué debía hacer? Tenía que salir de ahí, pensarlo con tranquilidad. Me levanté y tras despedirme rápido de Alistar, salí de la tienda. No sabía a dónde ir, pero tampoco me importaba demasiado en ese momento. ¿Qué podía hacer? ¿Debía irme? ¿Qué sería lo mejor? Y si me iba, ¿Qué pasaría con todas las personas que quería? ¿Por qué todo era de pronto tan difícil? Antes de darme cuenta, estaba llorando otra vez. Paré de andar y me sequé las lágrimas, aunque no servía de mucho, ya que no dejaban de caer. Al momento me rendí y seguí andando, sin mirar a nadie, sin un solo pensamiento en mente que no fuera como iba a separarme de todo lo que quería, en cómo decirles adiós a todos. Porque sabía que  lo que debía hacer era irme con Alistar para que todo esto terminara. Cuando levanté la mirada, vi que había llegado a mi casa. No podía entrar y ver a mi familia. Quería hablar con alguien y desahogarme antes y sabía quién era la persona adecuada. Alberto.