domingo, 21 de octubre de 2012

CAPÍTULO 18 :D (Pirmera parte)


Me desperté en medio de la oscuridad y miré a mi alrededor desorientada. Estaba en mi habitación, tumbada en la cama, pero por mucho que pensaba no recordaba como había llegado hasta ahí. Miré el despertador y vi que eran las cuatro y cuarto de la madrugada. Poco a poco iba recordando que había pasado y deseaba no haberlo hecho. Antes de volver a echarme a llorar, me levanté y vi que todavía estaba vestida.  Nada más llegar a casa debí irme a mi habitación y dormirme. Tenía hasta los zapatos puestos. Sin hacer ruido fui al baño, me lavé la cara y me recogí el pelo como pude. . Fui hasta mi habitación y me senté en la silla del escritorio. Cogí mi móvil y vi que tenía un mensaje de Alberto de hacía media hora. ¿Porqué estaba despierto? Lo abrí nerviosa.
“Hola, cariño. Supongo que estarás durmiendo,  pero yo no podía. No dejo de pensar que tarde o temprano tendré que decirte adiós. Y eso me está destrozando. Quiero que mañana hablemos,  te espero a las seis en mi casa. Te amo.”
Lo leí varias veces antes de responder. Iba a darle a enviar cuando me di cuenta de la hora. Aunque antes estaba despierto a lo mejor había conseguido dormirse y no quería despertarle. Guardé el mensaje en borrador, me levanté y me fui a la cama, sintiéndome la peor persona del mundo por hacer que se sintiera así. Me tumbé en la cama y cerré los ojos. Me puse en una postura, en otra, di varias vueltas, pero no conseguía dormirme. No dejaba de pensar en Alberto y en todas las demás personas que dejaría atrás.
Así iba a ser imposible dormirme….Me levanté y fui a la cocina sin hacer ruido. Me serví un vaso de agua que bebí a sorbitos y miré el reloj.  Las cinco menos cuarto. ¿Qué podía hacer despierta a esa hora?
Volví a mi habitación y cogí el móvil con los cascos. Me tumbé en la cama, puse música y cerré los ojos. A los cinco minutos me quité los cascos y suspiré. Al parecer lo de dormir iba a ser más un imposible que otra cosa. Dejé el móvil en la mesa y me volví a tumbar. Al poco tiempo oí como la puerta de mi habitación se abría. Cerré los ojos con fuerza como reflejo y me hice la dormida. Noté como alguien se sentaba en mi cama y me llamaba. Abrí los ojos y vi a Jorge.
-¿Qué haces aquí?
-Llevo un rato escuchándote y no me puedo dormir ya. Ya que me has despertado podrías decirme que te pasa, ¿no crees?
-Lo siento…-Me incorporé y me senté a su lado.
-No pasa nada, pero dime, ¿qué te pasa? –Le miré sin saber que decir. No sabía si podía saber algo, aunque claro, antes o después se terminaría enterando y necesitaba desahogarme. Pero, ¿qué podía contarle? ¿Que los magos existían y yo podía ser uno de ellos? Y no solo eso, también que me iba a Plutón para vencer a un poderoso y malvado mago al que ya se habían enfrentados otros magos, entre ellos nuestro abuelo. Si le decía todo eso podían ocurrir dos cosas. Una, que creyera que me lo estoy inventando todo y me considerara una loca y otra que con mucha suerte confiara en mí y me supiera decir que era lo mejor. Aunque conociendo a mi hermano, lo más posible es que no se lo creyera hasta que no se lo demostrara y no me apetecía demasiado y menos aún a esas horas.
-No me pasa nada, tranquilo. Vete a la cama. –Me miró con cara de incredulidad pero no quiso insistir más, se levantó y se fue. Después de todo era mi hermano y me conocía, sabía que si no se lo había contado ya, no se lo iba a contar por mucho que insistiese.
Miré de nuevo el reloj. Las seis menos cuarto. Me tumbé en la cama y cerré los ojos. Aunque no me fuera a dormir, no tenía nada mejor que hacer a esa hora que volver a intentarlo. Sorprendentemente, lo conseguí. Me desperté a las once y diez, por la luz que entraba en mi habitación. Me incorporé y vi que la almohada estaba mojada. Debía de haber estado llorando en sueños. Genial. Me levanté y me froté los ojos varias veces. Me escocían bastante. No quise ni mirarme al espejo, me daba miedo la pinta que pudiera tener. Baje a la cocina arrastrando los pies.  Pegada en la nota había una nota que ponía que mis padres y mi hermano habían salido y volverían a la hora de comer. Genial, toda la mañana sola. Me preparé la leche con cola-cao y cogí un croissant de chocolate. Me senté en la mesa para empezar a desayunar pero fui incapaz de comer algo. Mi estómago parecía haberse cerrado. Dejé cada cosa en su sitio y subí a mi habitación. Cogí el móvil y vi que tenía una llamada perdida de Alberto. Le llamé y en seguida me lo cogió.

lunes, 17 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 17:) (parte 2)


Cogí el móvil para llamarle, pero antes de que sonara una vez el pitido, colgué. No quería hablar con él así, necesitaba hacerlo en persona. Fui hasta su casa y llamé al telefonillo. Mientras esperaba a que contestaran, miré al cielo y comprobé con sorpresa que ya era noche cerrada. Contemplé la Luna y pensé si en Plutón la podría ver. Hasta eso iba a echar de menos, mirar la Luna por la noche. Siempre me habría transmitido paz. Incluso ahora, conseguía tranquilizarme. La voz de Alberto me devolvió a la realidad.
-¿Quién es?
-¿Alberto? Soy yo, Laura. Por favor ¿puedes bajar un momento? Necesito hablar contigo…-
-Ahora mismo estoy ahí. –Debió de notar algo raro en mi voz, porqué no había pasado ni un minuto y ya estaba en la puerta. Salió del portal y fui directa a abrazarle.
-¿Qué te pasa?-Me envolvió con sus brazos y apoyé la cabeza en su hombro. Por un instante, olvidé todo, y no pude pensar en nada que no fuera él. Me sentía tan bien, tan protegida…Pero en cuando nos separamos y me miró a los ojos, fui perfectamente consciente de que mientras yo estuviera aquí, él más que nadie estaría en peligro., Meanet ya había intentado atacarle una vez.
-Alberto, yo…Yo…
-Espera, vamos a otro sitio. –Me cogió la mano y me llevó a un pequeño parque.  Estaba en una zona en la que no había mucha luz, y la luz de la Luna nos alumbraba débilmente. Nos sentamos en un banco y me puso un brazo sobre los hombros.
-¿Qué te pasa, Laura?-Antes de contestar, pensé en cómo iba a explicárselo, en como iba a decirle que me iba y que quizás hasta dentro de bastante tiempo no volveríamos a vernos. Las lágrimas amenazaron con salir otra vez, pero esta vez me aguanté las ganas de llorar, suspiré y empecé a hablar.
-Verás, Alberto… ¿Tú sabes que Meanet va a por mí no? –Asintió con la cabeza y me animó a continuar.
-Pues…he hablado con Alistar y me ha dicho que…
-¿Qué te ha dicho?
-Que debo irme de aquí. –Me miró confuso y me apresuré a explicarme. –Me voy a Plutón para poder derrotar a Meanet junto con Alistar y otros magos. –Por fin lo había soltado. Debería haberme sentido aliviada pero en lugar de eso,  me di cuenta de que realmente iba a alejarme de él,  por no sé cuánto tiempo y noté que algo me oprimía el pecho cada vez más fuerte. Su brazo se tensó y vi como se levantaba sin darme tiempo a evitarlo. Me levanté al segundo y me puse a su lado.
-¿Porqué? ¿Por qué tienes que irte? Tu sitio está aquí, junto a mí y a tu familia. –Tenía razón y lo sabía, pero no podía abandonar a Alistar así, después de todo.
-Lo sé, pero tienes que entenderlo. Dio un paso y apretó los puños con furia.
-¡No, no lo entiendo! Lo siento…Pero no lo entiendo. ¿Y cuándo vas a volver?-Se me hizo un nudo en la garganta.
-No…No lo sé. Puedo tardar una semana o incluso un año…-No quise decirle que a lo mejor ni volvía. Alistar no me lo había dicho, pero sabía que existía esa posibilidad.
-Un año…-Me acerqué a él y le puse una mano en el hombro. Seguía sin mirarme.
-Alberto… Yo… Lo siento muchísimo. No quiero irme, desearía quedarme aquí contigo, pero sé que no puedo…Si no, os hará daño a todos…Y no pienso permitirlo. -Me cogió la mano y se giró.
 Le miré una vez más. Así, con el pelo revuelto, los ojos brillantes por la emoción y la luz de la Luna, estaba más guapo que nunca. Me acerqué y sin darle tiempo a rechazarme le besé. Sabía que aquello estaba mal, que en apenas unas horas me iría de su lado y ni siquiera sabía si iba a volver. ¿Cómo podía estar pasándonos esto? Nos separamos y me giré para limpiarme las lágrimas. No quería que lo pasara aún peor por mi culpa y si me veía llorando, las cosas no mejorarían.
-No te vayas... Si te quedas aquí te ayudaré a luchar contra él, juntos lo venceremos.- Mis ojos se clavaron en los suyos y rojos e hinchados por las lágrimas, hicieron que el nudo de mi garganta se hiciera aún mayor y no pudiera hablar. Cuando lo conseguí, las palabras salieron en un susurro & no me expliqué como pudo oírlo, pero sin duda lo hizo, porque me contesto, esta vez sin ocultar las lágrimas.
-No me queda más opción, lo sabes...
-¿Y qué pasa conmigo?- ¿Qué pasa con él? Pues que iba a seguir queriéndole igual. Aunque estuviera a miles de millones de kilómetros, le iba a querer igual. No podía ser de otra manera.
-Siempre te voy a querer. Siempre. Estando a diez, veinte, mil kilómetros. ¿No lo entiendes?
-Sí, pero aun así sigo sin querer que te vayas. Te necesito aquí, no lejos de mi lado. -Las lágrimas le empezaron a caer una tras otra, no podía evitarlo. Me abrazó y aspiré su aroma una vez más. Cerré los ojos y apoyé la cabeza en su hombro, como otras tantas veces.
-Te quiero.
-Y yo.
-Siempre, ¿de acuerdo?
-No lo dudes.  

CAPÍULO 17:) (PARTE 1)


 Nos terminamos los sándwiches y nos sentamos en el césped.  El sol empezaba a ocultarse entre las montañas que teníamos delante,  por lo que calculé que debían ser las ocho y algo. Miré el reloj y como había pensado, eran las ocho. En ese momento caí en que me había ido esta mañana y le había dicho a mi madre que llegaría en poco tiempo. Cogí el móvil temiéndome lo peor. Diez llamadas perdidas, todas del mismo número, mi madre. Bueno, no, todas no. Había una de Ismael de las siete y media. ¿Qué querría? Me dio igual, ahora lo importante era mi madre y la bronca que me echaría al llegar a casa. Por no hablar de lo preocupados que estarían todos. Marqué su número y esperé mordiéndome las uñas a que lo cogiera. En cuando lo hizo, me apresuré a disculparme.
-Hola, mamá. Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento. Perdona, he pasado todo el día con Alberto. No me he dado cuenta de la hora, debería haberte llamado.
-Hola, no pasa nada. No te preocupes. A mediodía llamó la madre de Alberto y dijo que ibas a pasar el día con él. –No supe que contestar. ¿En serio había llamado Luisa? Bueno, me había ahorrado muchos problemas. Sentí una inmensa gratitud hacia ella.
-¿Te parece bien si voy a las nueve? –Crucé los dedos para que me dejara. No quería que este día con él acabara nunca.
-Vale, pero no más tarde. A las nueve y media vienen los tíos a cenar.
-Bueno, a las nueve estoy ahí. Adiós.
-Adiós.
Cuando al colgué no pude evitar soltar un suspiro de alivio.
-Era mi madre. Creía que me iba a echar una bronca increíble por llegar tan tarde y sin avisar, pero al parecer tu madre ha llamado para decirle que estaba pasando el día contigo.
Albero me miró sorprendido.
-¿Mi madre ha dicho eso? Si ni siquiera sabe que estoy contigo. Le he  dicho solo que pasaría el día fuera.
-¿De verdad?- No tenía sentido. Entonces, ¿cómo le había dicho eso a mi madre?-¿Estás seguro?
-Claro. Te aseguro que sé lo que digo.
-Pues no sé, pero vamos, que da igual.  No me ha castigado y punto. Eso es lo importante,
-La verdad es que sí. ¿Vamos a dar una vuelta? Estamos bastante lejos de tu casa y si tienes que estar ahí a las nueve, lo mejor es que nos vayamos ya.
-Lo que tú digas, aunque la verdad es que no me apetece nada moverme. Quiero quedarme contigo.
-Y yo contigo,  pero si llegas tarde no habrá nadie para salvarte de la condena que te impondrá tu madre, y no me gustaría tener que secuestrarte para verte si te castigan.
Nos reímos los dos y nos levantamos. Llevábamos poco andando cuando vimos una parada de autobús. Decidimos ir así hasta mi casa, llegaríamos antes y no tendríamos que darnos todo el paseo. A los cinco minutos pasó el que teníamos que coger. Nos montamos atrás y me cogió la mano. Al momento empecé a sentirme mareada. Oía la voz de Alistar en mi cabeza, cada vez más alto, llamándome. Una y otra vez.
-¿Laura? –Alberto me cogió la mano pero al momento pasó algo increíble, inexplicable. Mi mano pasó a través de la suya. Todo mi cuerpo se estaba volviendo transparente y la voz de Alistar no dejaba de llamarme. Mi cabeza daba vueltas. Todo mi cuerpo parecía estar dando vueltas. Cerré los ojos y apoyé la cabeza en mis manos, deseando que todo esto parase. Cuando los volví a abrir, el dolor había cesado, pero ya no me encontraba en el mismo lugar que antes. Miré a mi alrededor asustada, a pesar de conocer ese sitio, no entendía porque había aparecido ahí de pronto. Había pasado de estar en un autobús con Alberto a estar en la papelería de Alistar en un instante. ¿Y porqué estaba ahí? Estaba claro que Alistar era quién me había llevado ahí mediante un hechizo. Pero, ¿dónde estaba él? Me puse de pie y fui a la entrada a ver si estaba ahí. Y en efecto, ahí estaba, inclinado en una mesa en la que se encontraban unos papeles.
-¿Alistar?–Se giró, hizo una mueca extraña, como de enfado, tristeza y sorpresa a la vez.
-Te he llamado porque tengo que hablar contigo. Cuando Meanet se presentó aquí, me di cuenta de algo.
-¿De qué? ¿Y no tenías otra manera de hacerme venir hasta aquí, una que no fuera raptándome? ¿Y si me ha visto la gente del autobús?
-No, es urgente. Y no te ha visto nadie, porque para el resto del mundo, sigues en el autobús. –Le miré boquiabierta.
-¿Cómo es eso? –Me dirigió una mirada que claramente significaba “Mira que eres ingenua.”
-Es muy fácil. Un simple hechizo de copia. En el autobús, al lado de Alberto hay una copia perfecta de ti. Nadie se dará cuenta de que no eres tú.
-¿Y no hubiera sido más fácil decirme que viniera?  Así no te hubieras tenido que complicar tanto.
-No estaba seguro de que fuera a venir y es muy importante. Cuánto antes lo sepas mejor. –Terminó la frase y se dio la vuelta.
-¿Muy importante? ¿Qué pasa, Alistar? –Me miró y tras suspirar, me contestó con voz débil.
-Me he dado cuenta de que mientras estemos aquí, mientras tú estés aquí, no nos dejará en paz. Y me temo que a tu novio, Alberto, creo, tampoco. –Le miré sorprendida. ¿Mientras estuviera aquí? ¿Y dónde iba a estar si no?
-¿Qué quieres decir?-Se dio la vuelta y buscó una silla, que me ofreció para que me sentara. Le hice un gesto para que se sentara él y tras sentarse y soltar un suspiro, empezó a hablar.
-Pues quiero decir que aquí no puedes estar mucho más tiempo. Meanet no va a dudar en ir a por ti y a por tu familia, a por tus amigos incluso. No puedes estar aquí mucho más tiempo.
-Pero, ¿y dónde voy a estar si no?
-Conmigo en mi planeta. Es lo más seguro. Además, te necesitamos para derrotar a Meanet. –Noté como palidecía, mi cabeza daba vueltas y necesitaba sentarme. Alistar pareció darse cuenta, ya que se levantó y me dio la silla. La cogí con la mano temblando y me senté.
-¿Cuándo? –No quería mirarle a los ojos. Bajé la cabeza y fijé la mirada en mis zapatos.
-Lo antes posible. Mañana, en una semana como mucho. Debemos conducirle a nuestro planeta lo antes posible, para poder vencerle definitivamente. Y para eso, como antes he dicho, necesitamos tu ayuda.
-Pe…Pero, ¿cómo voy a irme? Aquí tengo a toda mi familia, a todos mis amigos, toda mi vida ha sido aquí. No puedo irme así porque sí…
-No te voy a obligar, Laura. No tengo el más mínimo derecho a hacerlo. Pero piensa que si no lo haces, Meanet podrá hacer daño a todas las personas que tú quieres. A todas. Si te vas, no las verás en un tiempo, pero cuando vuelvas, todos tus problemas habrán desaparecido. -¿Qué debía hacer? Tenía que salir de ahí, pensarlo con tranquilidad. Me levanté y tras despedirme rápido de Alistar, salí de la tienda. No sabía a dónde ir, pero tampoco me importaba demasiado en ese momento. ¿Qué podía hacer? ¿Debía irme? ¿Qué sería lo mejor? Y si me iba, ¿Qué pasaría con todas las personas que quería? ¿Por qué todo era de pronto tan difícil? Antes de darme cuenta, estaba llorando otra vez. Paré de andar y me sequé las lágrimas, aunque no servía de mucho, ya que no dejaban de caer. Al momento me rendí y seguí andando, sin mirar a nadie, sin un solo pensamiento en mente que no fuera como iba a separarme de todo lo que quería, en cómo decirles adiós a todos. Porque sabía que  lo que debía hacer era irme con Alistar para que todo esto terminara. Cuando levanté la mirada, vi que había llegado a mi casa. No podía entrar y ver a mi familia. Quería hablar con alguien y desahogarme antes y sabía quién era la persona adecuada. Alberto. 

viernes, 31 de agosto de 2012

Hola!:D

¡Hola a todos!:D Lo primero de todo quiero disculparme. Llevo sin subir capítulo un montón, pero no hay una razón, sino varias. Desde el primer momento, antes de irme de vacaciones, pensé en llevarme mi ordenador para poder escribir los capítulos y subirlos, pero hubo dos inconvenientes. El primero, la pantalla del ordenador se me rajó al segundo día y me daba cosa usarlo por si se rompía más, al final me resigné y hasta que lo lleve a arreglar, lo usaré, porque no puedo retrasar más la historia...-.-El segundo, estuve en tres camping diferentes y en los dos primeros había wi-fi, iba un poco mal pero haber había, el problema es que casi ni había empezado el capítulo y en el tercero, directamente ni había y me pasaba los días fuera, así que no tuve ni tiempo para sentarme a pensar y escribir algo que me gustase tanto como para dejarlo definitivamente en la historia. Cuando llegué a mi casa, hace seis días, lo primero que hice esa misma noche fue ponerme a escribir, pero no me salía nada. Las ideas están en mi cabeza desde hace mucho, pero no logro expresarme bien y este capítulo va a ser tan importante en la historia, que quiero que quede lo mejor posible y aparte, porque después de tanto tiempo, si es un capítulo malo....en fin, que parece que por fin vuelvo a centrarme desde ayer, así que lo estoy escribiendo y espero poder tenerlo para el lunes, de hecho, prometo que como muy muy tarde, lo subiré el LUNES 3. 
Como no escribo esta entrada solo para contaros eso, también es para poneros al día con las novedades de la historia,& aquí están. Primero, he decidido dividir el libro en tres partes. La primera, terminará con el próximo capítulo y con una decisión tomada por Laura que lo cambiará TODO, por lo que tendrá 18 capítulos. La segunda, la contaré en presente, y tendrá aproximadamente 16 capítulos y la tercera, también contada en presente, con epílogo incluido, tendrá 10 capítulos más o menos. Espero que en navidad haya terminada la segunda parte, y en semana santa la tercera y por lo tanto, el libro. Hablar de esto cuando aún queda tanto es un poco tontería, porque luego dios sabe lo que me pasará este año y si podré hacerlo como quiero, pero desde luego, estos son mis propósitos. Y la otra novedad es que habrá muchos más personajes en estas dos partes, espero que os gusten tanto como los actuales. Bueno, ya os dejo.
Un beso & a disfrutar lo poco que nos queda de verano^^

viernes, 3 de agosto de 2012

Capítulo 16:)



Así, abrazada a él, tumbada en un precioso parque y observando las nubes que invadían el cielo azul, me parecía estar en un sueño. Y realmente si así era mi realidad, soñar no me servía de nada, jamás superaría este momento a su lado.
-¿En que piensas?-Una amplia sonrisa se extendió por su cara. 
-En que cuando estoy contigo es como estar en un sueño, y cuando no, tengo que enfrentarme a la “dura” realidad. Es como si estuviera entre la espada y la pared, entre el sueño y la realidad.
Me quedé pensando en lo que acababa de decir, cuando él rompió a reír y me abrazó más fuerte. La verdad es que sonaba un poco absurdo. ¿Entre el sueño y la realidad? Que tontería.
-¿Y que le pasa a tu realidad?
-Pues…es agobiante. Quiero decir, por todo eso de Alistar, Rubén y mi abuelo…Siento que estoy en medio de una lucha, por decirlo de alguna manera. Confío en Alistar, pero no sé cómo puedo ayudarle y eso es lo peor. Que él también confía en mí. Y mi abuelo igual. Y está Meanet, quiero decir Rubén, que no sé que piensa hacer. Y pff,  siento que algo falla, que estoy pasando por alto algo importante…
-No te preocupes. Ya verás pronto te das cuenta de que es. Y bueno, no sé muy bien de que va todo esto, pero estoy seguro de que serás capaz de hacerle frente, yo estaré a tu lado para apoyarte.
Nos incorporamos los dos a la vez y paso un brazo por mis hombros.
-No te preocupes, ¿vale? Además, ahora estás conmigo, no pienses en nada más.
-Vale.
-Venga, vámonos. Todavía queda el sitio sorpresa. –Le miré y sonreí.
-Solo una pregunta, ¿está muy lejos?
Se rió y me ayudó a levantarme.
-Bueno, si salimos ahora, en unas dos horas estaremos ahí.
-¿En serio? No, ¿verdad?
-No, claro que no. Una vez que salgamos del parque, está a un cuarto de hora, creo. Llevo mucho sin ir.
-Bueno, podría ser peor.
-Pues sí, además estás conmigo. ¿Eso no mejora algo las cosas?
-Eso las mejora del todo. Venga, pongámonos en marcha. –
No había dado ni dos pasos cuando me puso las manos en la cintura y me empujo suavemente contra él. Cuando nuestros labios se encontraron, como otras tantas veces en ese día, sentí como un torbellino de felicidad recorría mi cuerpo.
Empezamos a andar y cuando llegamos a la puerta del parque  me tapó los ojos con un pañuelo.
-¿Y esto?
-Es una sorpresa. No puedes ver ni por dónde vamos.
-¡Pero no voy a ver nada!
-En eso consiste.  No te preocupes, yo seré tu guía.
-De acuerdo…Pero dame la mano, no me vaya a chocar contra algo, o peor aún, contra alguien.
Nos reímos los dos y noté su mano aferrada a la mía. La apreté fuerte y empezamos a andar.
-¿Queda mucho? –No tenía problema en andar, pero con los ojos tapados. ..Me sentía muy incómoda sin poder ver por donde pisaba, a pesar de tener a Alberto a mi lado guiándome.
-¡Que quejica eres!
-No…es que me resulta raro andar sin ver por dónde piso.
-No te preocupes. Yo te llevo, ¿crees que iba a dejar que te chocaras con algo?
-Claro que no, pero es una sensación extraña. Lo ves todo negro y sabes que no es así, que a tu alrededor hay farolas, semáforos, gente paseando, carreteras y demás,
-¿Quieres que te vaya describiendo todo lo que veo?- Al principio creí que lo decía en broma, pero su tono era serio.
-No, no hace falta. Tampoco es eso. –Oí como reía y esbocé una sonrisa.
-Vale, Laura. Ahora, cuando te diga gira hacia tu derecha, ¿vale?
-Vale. –Bajé un poco el ritmo y extiendí una mano intentando tocar algo. Al momento  noté como algo me agarraba, pero antes de que pudiera gritar o hacer cualquier otra cosa, Alberto me tapó la boca.
-Tranquila. Gira a la derecha.
Lo hice con cuidado, tanteando lo que había a mi alrededor. Cuando giré, me cogió de la otra mano y seguimos andando.
-A partir de aquí todo es en línea recta. Ya casi estamos.
El resto del camino fue en silencio. No dejaba de pensar en qué podía ser ese sitio sorpresa. Ni siquiera tenía una ligera idea. Las adivinanzas nunca fueron lo mío. Seguimos andando durante diez minutos aproximandamente, en los que intenté adivinar algo por lo que oía a mi alrededor. Me pareció que nos alejábamos del ruido de la ciudad. Poco a poco, estábamos dejando a atrás el ruido de la gente y los coches circulando por las calles.
Sí. Definitivamente, nos estábamos alejando. Intenté recordar que había a las afueras, pero solo recordaba la salida que más cerca estaba de mi casa y desde luego, por esa no podíamos salir. Suspiré y abandoné definitivamente la idea de averiguar a dónde íbamos antes de llegar. Cerré los ojos y me dejé llevar.
Cuando paramos, Alberto me quitó la venda de los ojos y tras pestañear varias veces, miré a nuestro alrededor. Delante nuestra había una gran casa antigua. Las paredes eran beis y el tejado era de tejas azul oscuro. La puerta era grande y marrón. Tenía en la fachada principal dos ventanas, las dos con balcón. En la parte de detrás parecía haber un jardín.
Me giré y miré a Alberto.
-Es la antigua casa de mis abuelos. Hace unos años de mudaron a un piso, pero no quisieron vender esta. ¿Te gusta?
-Sí, es preciosa. Pero, ¿por qué me has traído aquí?
-Ahora lo verás. Venga, vamos a entrar. –Me dio la mano y abrió la puerta con una vieja llave que tenía en su bolsillo. Entramos y me llevó hasta la cocina-comedor. Era una habitación grande, con el suelo marrón y las paredes de un blanco roto. Había una única ventana, por lo que no había demasiada luz en la habitación. Estaban todos los muebles propios de una cocina y al fondo, una pequeña mesa con dos sillas y una tele. Fue hasta la nevera y sacó una pequeña cesta de picnic.
-¿Quieres ver el resto de la casa?
-Sí, si no te importa. Me gusta mucho. –Me sonrió y me llevó a las distintas habitaciones de esa planta. Había un baño pequeño, una habitación con una cama de matrimonio y otra más pequeña, con dos camas y un escritorio. En la planta de arriba había otras dos habitaciones, la dos que tenían balcón y otro baño, mucho más grande que el anterior. Sin duda, era una casa preciosa.
-Me encanta.
-¿Sí? De pequeño me gustaba mucho investigar todas las habitaciones. Me metía debajo de las camas, en los armarios, iba al jardín y me imaginaba que en algún momento viviría aquí.
Bajó la mirada y antes de que pudiera decir nada, me cogió de la mano y bajamos para ir al jardín. Era grande, todo cubierto de césped verde. En una esquina había un pequeño pozo y en otra un gran pino. En el centro, había una mesita y dos sillas.
-¿Nos sentamos?
-Vale.
Dejó la pequeña cesa de picnic en la mesita y la abrió. Sacó dos coca-colas, una light y una normal, dos vasos y unos sándwiches.
-Perdona la comida…No he tenido tiempo de preparar…-Le corté antes de que pudiera terminar.
-No pasa nada. Es perfecto. Me encanta este sitio. –No podía pedirle más. Estaba a su lado y eso era todo lo que quería en ese momento. 

jueves, 12 de julio de 2012

Capítulo 15 (:


Salir de ahí no era un problema. Igual que habíamos llegado podríamos irnos. Me levanté y ayudé a Alberto a que se levantara el también. Aunque aparentemente estaba bien, no quería que hiciera ningún esfuerzo innecesario. Le cogí de la mano y empezamos a andar, aunque al poco tiempo paramos.
-Cierra los ojos. –Me puse enfrente de él y le cogí la otra mano.
-¿Por qué? –Me miraba con curiosidad.
-Es más cómodo si cierras los ojos. –Por la expresión de su cara me di cuenta de que no estaba entendiendo nada. –Nos vamos a transportar al parque que hay cerca de tu casa mediante mi don, y aunque no hace falta, es mejor que cierres los ojos. En un segundo estaremos ahí. Confía en mí.
-Confío en ti. –Le sonreí y cerramos los dos los ojos. Deseé estar en el parque con todas mis fuerzas y cuando los abrí ya estábamos en él.
-Ya puedes abrirlos. –Los abrió y pestañeó varias veces.
-Guau… ¡Esto es increíble! Hace un momento estábamos ahí, y ahora, ¡estamos aquí!
Me reí y le conduje hasta un pequeño banco que había enfrente de nosotros.
-Laura, oye…no recuerdo muy bien lo que ha pasado pero…Me has salvado, ¿verdad? –No pude evitar dar un respingo al acordarme.
-Bueno, podría decirse que si…Aunque es culpa mía.
Me miró sin comprender.
-¿Qué es culpa tuya?
-Todo…Si no tuviera este don, si no te hubiera hablado de él,  no habrías ido a la papelería de Alistar y no te habría pasado nada. –Lo último lo dije sin fuerzas, en apenas un susurro. Solo de recordar lo que podría haberle pasado…Todo mi cuerpo se estremeció y un nudo me oprimió la garganta con fuerza.
-Pero estoy bien, Laura. No lo pienses más. –Me puso un brazo sobre los hombros y me colocó la cabeza en su pecho. Aunque no quería, empecé a llorar. Llevaba todo el día llorando, que persona más triste.
-Tranquila, Laura. No pasa nada.
-¿Cómo que no pasa nada? ¿Pero, y si hubiera pasado? ¡No me lo perdonaría! Necesito que estés bien. No puedo dejar que corras ningún riesgo. –No pude seguir hablando. Aunque él tampoco me dejó ya que puso un dedo sobre mis labios mandándome callar.
-Laura, mírame. –Levanté la  cabeza y nuestras miradas se encontraron. Me tranquilicé al instante. -¿Me ves? Estoy bien. Perfectamente. Deja de preocuparte por algo que ya ha pasado. –Me dio un pañuelo y me limpié las lágrimas.
-Si…tienes razón.
-Lo sé. –Se rió y de nuevo puso mi cabeza en su pecho. –Bueno, princesa, ¿quieres que vayamos a alguna parte?
-Vale, pero no sé dónde. Estamos cerca de tu casa y no conozco mucho esto.
-Entonces seré tu guía. Vamos. –Nos levantamos y me besó. Cuando nos separamos, después de un par de minutos, aunque a mí no me pareció más de un segundo, me rodeó la cintura con su brazo y empezamos a andar. Paramos enfrente de un café-bar y entramos.
-Esta es solo nuestra primera parada. Cogemos un par de bocadillos y nos vamos. ¿De qué lo quieres?
-Me da igual. Confío en tu buen gusto. Aquí dentro hace mucho calor, ¿te importa si te espero fuera?
-No, tranquila. En un momento salgo. Invito yo, ¿vale?
-No, de eso nada. Tú ya me invitaste a palomitas  el día del cine, ahora me toca a mí. ¿Con quince euros bastará para coger también bebidas?
-De sobra. Espérame fuera.
-Vale, toma los quince euros. -Los saqué de mi bolso, se los di, salí fuera y me senté en un banco que había al otro lado de la calle. No habían pasado ni cinco minutos cuando Alberto salió. Me levanté y crucé la calle. Cogí la bolsa que me tendió y miré de que era mi bocadillo.
-¡Ala, es de tortilla de patatas y cebolla!. ¡Me encanta! Muchas gracias, cariño.
-De nada. Ya sabía que te iba a gustar. –Me guiño un ojo y empezamos a andar de nuevo.
-Bueno, ¿y a dónde vamos?
-Cerca de aquí hay un parque por el que pasa un río. Hay sitio donde poder sentarse , había pensado ir ahí a comer y luego a otro sitio, pero ese es sorpresa.
-Uy, suena genial. Vamos.
Andamos poco tiempo, diez minutos, hasta que llegamos al parque. Era precioso, todo lleno de árboles y parecía bastante grande. Entramos y seguimos un camino, aunque pronto empezamos a andar por el césped. El ruido que hacía el río y el viento al mecer las hojas de los robles que nos rodeaban me transmitía tranquilidad. Llegamos al río y nos sentamos en el césped. Sacó los bocadillos y me dio el mío junto a una Coca-Cola light.
-Gracias.
Comimos en silencio, escuchando el sonido del río y del viento. Terminamos de comer casi a la vez y nos tumbamos, él sobre el césped y yo muy cerca suya, con mi cuello sobre  su brazo.
-Te quiero. –Ya nos lo habíamos dicho antes, pero no me cansaba de oírlo. Sonreí y me puse boca abajo, mirándole a los ojos directamente.
-Y yo. Muchísimo. Más que a nadie. –Me incliné y le besé. Y nos seguimos besando durante mucho más tiempo. Poco a poco,  había dejado de oír y de sentir la hierba sobre la que estaba apoyada y al viento meciéndome suavemente. Solo le sentía a él, y en todas partes. ¿Cómo podía quererle tanto?  La respuesta me vino enseguida. No separamos y le abracé.
-Gracias. –Lo dije en un susurro y si no hubiéramos estado tan cerca no me habría oído.
-¿Por?
-Porque eres tú quién me ha salvado a mí.
-¿Así? ¿Y de qué?
-De todo. Sin ti no sería capaz de aceptar todo esto que me está pasando. Nadie más que tú podría entenderlo y mucho menos ayudarme tanto sin proponérselo. Cuando estoy contigo lo olvido todo,  nada es tan importante como tú. Puedo ser yo misma, Laura, sin más, no me siento como la Laura que tiene un don que no sabe usar y con el que no causa más que problemas. Me siento cómoda. Antes mi vida me gustaba, no me podía quejar,  a lo mejor era un poco monótona pero estaba acostumbrada. Ahora que estoy contigo, cada día es distinto. Me despierto sonriendo y me acuesto igual. Me siento afortunada de tenerte a mi lado. –Por fin lo había dicho. Bajé la mirada con timidez y la fijé en una mariquita que se había posado en mi mano derecha.
-Entonces tú también me salvaste a mí. –En cuanto terminó de hablar le besé. Por todos los otros besos, por cada abrazo, por todos los días que habíamos pasado juntos, por cada sonrisa, por cada momento, por todo, pero sobretodo, por que le quería y porque en ese momento la felicidad que sentía era tan grande que pensé que a partir de entonces las cosas mejorarían. Que equivocada estaba. 

miércoles, 4 de julio de 2012

CAPÍTULO 14:)

-Por favor, despierta…Abre los ojos…-Su  pulso seguía siendo muy débil. Las lágrimas no dejaban de caer y casi no podía ver. Me las sequé como pude con las manos, pero no sirvió de nada. Siempre  supe que la frase “tengo el corazón echo añicos” era solo una metáfora, pero realmente me sentía así. “Por favor, por favor…deseo que se recupere…necesito que esté bien…”Todo siguió como antes de pedir mi deseo.
-¡¿De qué sirve tener un don sino puede ayudarme cuando más lo necesito?!- Sabía que no había nadie que pudiera oírme, pero me daba igual. Me sequé las lágrimas de nuevo y me levanté. No podía permitir que le pasara algo a Alberto por mi culpa. No. Teniendo un don o no, conseguiría que se pusiera bien. En ese momento miré por primera vez a mí alrededor. Yo ya había estado antes ahí. No sabía cuándo, ni porqué, ni siquiera terminaba de saber exactamente dónde estaba. Pero aun así, tenía la sensación de que ya había estado en ese lugar. Me giré y vi una luz a lo lejos. Sin pensarlo, me puse delante de Alberto. Nadie más volvería a hacerle daño por mi culpa. La luz se fue acercando cada vez más, y cuando estaba a apenas diez metros,  fue tomando la forma de una persona. Di unos pasos para atrás y me quedé a apenas 2 centímetros de Alberto. Cuando pude ver quién era con claridad, creí que estaba soñando. Me froté los ojos varias veces, esperando ver como desaparecía, pero siguió ahí, acercándose cada vez más. De forma involuntaria, di un paso al frente. Cuando estuvimos a apenas un metro, le miré a los ojos, aunque quizás debería decir que me miré a los ojos, porque esa persona (aunque no sabía  si era eso exactamente) era igual que yo. Los mismos ojos grandes y marrones, el pelo largo y castaño, los mismos labios pequeños y ligeramente sonrosados, incluso la misma ropa, lo único diferente era su mirada y por eso mismo me sentí intimidada. Me miraba con dureza y seriedad, casi parecía estar reprochándome algo.
-¿Qué haces ahí quieta?
Su voz me pilló por sorpresa. No era el mismo tono que el mío. El suyo, sin duda, estaba lleno de furia, y como había pensando, de reproche
-¿Co...Cómo?
-Tu, bueno, nuestro novio se está muriendo y estás aquí sin hacer nada. ¿Eso es lo que le quieres? Porque yo no recuerdo haberme sentido así. –Al instante las lágrimas acudieron de nuevo a mis ojos sin ser llamadas y sentí como el sentimiento de angustia me recorría todo el cuerpo.
-No sé que puedo hacer… ¿Qué te crees, que me gusta verle así? Tú, siendo yo, deberías saber como me siento. –La angustia pasó a ser enfado.  No me lo podía creer. Me estaba volviendo loca, no le encontraba otra explicación. ¿Porque qué sentido tenía que yo, bueno, mi otro yo, me estuviera regañando? En mi cabeza se estaba formando un auténtico remolino, Alberto, Alistar, Rubén, el hecho de estar hablando conmigo misma, todo daba vueltas, y nada parecía tener una explicación. Necesitaba estar sola. Aislada del mundo, sola en compañía en Alberto. Necesitaba ser feliz a su lado sin ninguna preocupación estúpida. Me eché a llorar sin poder evitarlo. Me senté al lado de Alberto y sin mirar a mi alrededor, sobretodo a mi “otro yo” me cubrí la cabeza con las manos. Noté como una mano se posaba en mi hombro derecho con un ademán tranquilizador, pero no me moví. Quería salir de ahí.
-Laura…-Un silencio incomodo nos envolvía a las dos, lo único que lo perturbaba era el sonido de la respiración agitada de Alberto. –Laura…Yo…Bueno, estoy aquí porque…lo que quiero decir es que…En fin, Laura, que eres, somos, una persona fuerte. No dejes que tu don te domine, aprende a utilizarlo. Puedes curar a Alberto, si no fuera así yo no estaría aquí. Tienes mucho más poder del que tú crees. Bueno, me tengo que ir. Confía en ti.
Cuando levanté la cabeza, ya se había ido. Pero me había devuelto las ganas de luchar por lo que quería. Podía hacer que Alberto se pusiera bien, estaba segura. Me puse de rodillas a su lado, sujeté su mano entre las mías y deseé con todas mis fuerzas que estuviera bien, esta vez sabiendo que podría conseguirlo.
Al principio no ocurrió nada, pero no paré, y poco a poco noté como un calor salía de mis manos y envolvía su cuerpo. Su cara volvía a tener su color habitual y su respiración cada vez era menos agitada, hasta que fue normal. Poco a poco, intentó abrir los ojos pero no le dejé.
-Shh…No te muevas. Tranquilo. –Sus labios se curvaron en una sonrisa. –Te quiero.
-Y yo. –Le abracé con fuerza y me eché a llorar, esta vez de alegría. Lo había conseguido después de todo, aunque todavía había algo por resolver. Teníamos que salir de ahí.